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sábado, 28 de julio de 2012

¿Hay marcha atrás en la enfermedad cardíaca?

Cada vez se hace más importante que los profesionales de la salud y los medios informativos alerten e informen al público sobre la mejor forma de prevenir los problemas del corazón, una de las causas principales de enfermedad y de muerte en todo el mundo. Pero muchas veces esa información o cae en oídos sordos, o llega tarde. ¿Qué puedes hacer cuando descubres que tu corazón ya está en peligro porque te han encontrado presión alta o tu nivel de colesterol está elevado? ¿Es posible dar marcha atrás a la enfermedad cardíaca? Exploremos esas interrogantes en este artículo.

Como Ernesto no sentía ningún malestar y no manifestaba tampoco ningún síntoma alarmante, creía gozar de buena salud. Aunque sí se sentía un poco culpable por comer pizzas y emparedados bien cargados en calorías casi a diario, no lograba modificar su estilo de vida ni tampoco perder peso, aunque muy adentro suyo sabía que esos kilos o libras podrían causarle un mal rato en el futuro. Como muchas otras personas, “se durmió en los laureles”. No hizo nada al respecto hasta que sufrió un pequeño infarto del que por suerte se restableció.

Una tarde, luego de la consulta, su esposa me comentó en voz bien bajita, que antes del infarto Ernesto le había admitido una vez que no se animaba a hacerse los controles de salud porque “el médico lo iba a regañar porque no se cuidaba”.

“En primer lugar,” le dije a la esposa, “aclárele a Ernesto que nosotros no regañamos a nadie.” Cuando sugerimos cambios en el estilo de vida o en el comportamiento del paciente, sólo tratamos de dejarle saber lo que encontramos para ayudarlo a prevenir enfermedades o a evitar problemas de salud que luego o sólo se pueden controlar, o pueden ser difíciles de corregir o que ya son irreversibles.

Ahora Ernesto se encuentra estable, pero su corazón ya le ha dado una susto y una señal y debe tomar medidas para que su enfermedad cardíaca no progrese. No sólo deberá bajar unos cuantos kilos (o libras) si quiere proteger su salud, sino también disminuir la cantidad de sal y otras comidas que le gustan y seguir un plan de rehabilitación cardíaca. ¡Si tan sólo hubiera hecho el esfuerzo antes!

Es sabido que con una alimentación basada en frutas y verduras, granos integrales, en la que también se incluyan las proteínas y otros nutrientes que el cuerpo necesita (al estilo mediterráneo, por ejemplo), acompañada de una rutina de ejercicios, ayuda a mantener el corazón en buena forma.

Ahora bien, si te ha pasado algo similar a Ernesto e incluso mucho menos (el sólo hecho de tener presión alta o colesterol elevado), ya es motivo para cambiar de hábitos, porque eso indica que tu corazón está en riesgo. ¿Es posible volver atrás y corregir la enfermedad cardíaca, sólo con la comida y el ejercicio?

Recuerda que existen distintos tipos de enfermedad cardíaca. La más común es provocada por el estrechamiento o bloqueo de las arterias coronarias (que son los vasos sanguíneos que suministran sangre al propio corazón), y es la causa más importante por la cual las personas sufren infartos o ataques al corazón. Otros tipos de enfermedad cardíaca pueden deberse a problemas en las válvulas del corazón, o porque el corazón no late bien a causa de una insuficiencia cardiaca o una arritmia.

Entonces, la pregunta es: ¿Es posible volver atrás y corregir la enfermedad cardíaca, sólo con la comida y el ejercicio? Algunos especialistas consideran que sí, aunque quizás debas tomar algún medicamento (sobre todo al principio), y se apoyan en la evolución de sus pacientes para hacer esta afirmación.

Otros, en cambio, reconocen que se trata de un tema polémico y piensan que es difícil hacer semejante afirmación. Incluso, consideran que no es posible eliminar la enfermedad cardíaca por completo, ya que es como cuando te lastimas: aún cuando el estilo de vida logra hacerla desaparecer, siempre quedarán cicatrices.

Lo que sí es seguro es que llevar una dieta sana, balanceada, controlando el tamaño de las porciones y seguir una rutina de ejercicios diarios logran detener el avance de la enfermedad y mantener el corazón protegido, lo cual es un logro considerable.

La única advertencia, que no debes pasar por alto, es que cuando tienes enfermedad cardíaca el cambio debe ser radical y constante, lo cual puede ser bastante difícil de poner en práctica.

Por ejemplo, algunos especialistas consideran que prácticamente debes volverte vegetariano y hacer al menos media hora de ejercicios diarios, o tres horas de actividad física por semana. Además, recomiendan practicar yoga, meditación o alguna otra actividad que te permita reducir el estrés. ¿Difícil verdad?

Por eso es muy importante que cuentes con el apoyo de tu familia y que busques ayuda profesional. Un nutricionista calificado puede ayudarte con la alimentación y tu médico puede indicarte los cuidados que debes tener cuando haces ejercicios. Si además tienes sobrepeso, busca un programa o grupo de apoyo que te ayude con tu propósito de perder peso.

No te dejes vencer ni por la tentación, ni la pereza, ni la depresión. Si ya padeces de enfermedad cardíaca, o tienes algunos de los factores de riesgo de los que hemos mencionado, ¡anímate! Ahora más que nunca debes empezar a hacer los cambios necesarios para empezar el conteo regresivo en la salud de tu corazón.

Tomado de Vida y Salud

lunes, 16 de julio de 2012

Nadar ayuda a los adultos mayores a reducir la presión arterial

La hipertensión es una de las condiciones más comunes, sobre todo después de cierta edad, y hay medicamentos que la controlan con efectividad. Pero si tú eres hipertensa (o), ¿no te gustaría complementar el tratamiento médico con uno de los ejercicios más completos y divertidos que existen?

La presión arterial no es más que la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias. Cuando el corazón late, bombea y expulsa la sangre a las arterias, y entonces la presión arterial se encuentra en su nivel más alto. Esto se conoce como presión sistólica. Cuando el corazón reposa entre latido y latido, la presión arterial disminuye, y se llama presión diastólica. La presión normal es de 120/80 mm Hg (120 la sistólica y 80 la diastólica); 140/90 mm Hg o más indican hipertensión; entre 120 y 139 mm Hg en la sistólica, y entre 80 y 89 mm Hg en la diastólica, se considera pre-hipertensión.

Por lo regular la hipertensión no da síntomas, pero puede causar problemas de salud serios, como derrames cerebrales (apoplejías o accidentes cerebrovasculares), insuficiencia cardíaca, infarto e insuficiencia renal. Por suerte, puedes combatirla llevando una vida sana, haciendo ejercicios y tomando los medicamentos apropiados.

Pero al parecer hay otra manera muy agradable de ayudar a controlarla. Un estudio publicado en el American Journal of Cardiology sugiere que nadar ayuda a controlar la presión sistólica de los adultos mayores. Unas investigaciones anteriores habían sugerido que el ejercicio moderado, como caminar, montar en bicicleta o nadar es seguro para las personas con la presión sistólica alta. Pero este estudio es el primero que parece demostrar que nadar en particular mejora la función vascular de los adultos mayores y reduce la presión arterial.

El estudio se realizó en 43 hombres y mujeres que tenían alrededor de los 60 años, que sólo padecían de hipertensión o pre-hipertensión. Los investigadores les indicaron a algunos de los participantes que tomaran clases de natación supervisadas de 45 minutos, y a otros que aprendieran ejercicios de relajación. Durante 12 semanas, los primeros tomaron tres o cuatro clases por semana, hasta lograr nadar 45 minutos por clase.

Al comenzar el estudio, los nadadores tenían un valor máximo promedio de 131 mm Hg. Al final del estudio, el valor había bajado a 122 mm Hg, o sea, nueve puntos menos en su presión sistólica, lo que no ocurrió con los participantes que habían hecho ejercicios de relajación.

Los resultados se repitieron cuando se les pidió a los participantes que utilizaran monitores portátiles para medir la presión arterial durante 24 horas. En ese período, los participantes que nadaron mantuvieron un valor promedio en su presión sistólica de 119 mm Hg (al inicio del estudio el valor era de 128 mm Hg).

En el estudio también se utilizaron exámenes de ultrasonido para determinar la dilatación vascular debido a los cambios del flujo de la sangre. También en esta prueba, los nadadores obtuvieron mejores resultados que los otros.

Aunque se necesitan más estudios para determinar si la disminución de la presión arterial es duradera y si se reduce el riesgo de desarrollar un infarto o un derrame cerebral, los resultados coinciden con las indicaciones de los especialistas, que les recomiendan a los adultos mayores que hagan ejercicio moderado para mantener la salud del corazón.

Y hay algo más. Como la flotación en el agua contrarresta el peso del cuerpo, nadar no afecta las articulaciones de la rodilla y del tobillo. Claro que no puedes empezar un programa de natación (ni de ningún otro ejercicio) sin consultar antes con tu médico. Pero si padeces de presión arterial alta y tu médico te autoriza a que practiques un ejercicio moderado y quieres participar en una actividad que casi todo el mundo disfruta, busca tu traje de baño, encamínate a la playa o a la piscina más cercana… ¡y al agua!

Tomado de Vida y Salud

viernes, 6 de abril de 2012

Cómo reincorporarte al ejercicio después de un período prolongado sin actividad

 
Retomar una rutina de ejercicios luego de haber pasado mucho tiempo sin actividad o de haber tenido que abandonarla por alguna circunstancia (lesión, enfermedad, cirugía o embarazo, por ejemplo), puede ser muy saludable. Pero si te precipitas, también puede resultar peligroso. Muchas personas pretenden hacer lo mismo que antes desde el primer día y eso no es conveniente. Aquí te contamos algunas consideraciones que debes tener en cuenta para no lastimarte, y volver al ejercicio después de un periodo prolongado sin actividad.

Salir a recorrer la montaña en bicicleta parece un programa entretenido, sobre todo cuando estás conociendo un lugar nuevo durante las vacaciones. Así lo consideró Jimena y fue la primera en anotarse para la aventura, sin tener en cuenta que durante el año su mayor cantidad de ejercicio había sido caminar hasta el ascensor cada vez que su jefe la llamaba desde el piso de arriba.

Pedro, en cambio, tuvo una revelación: él estaba muy angustiado porque a su padre le habían diagnosticado cáncer, y leyó en un artículo que el ejercicio ayuda a disminuir las posibilidades de tenerlo. En ese momento decidió ponerse manos a la obra. Como su semana era muy ocupada, cuando llegó el sábado no dudó en ponerse las zapatillas y salir a correr, millas y millas sin parar, bajo el rayo del sol, sin agua, gorro ni bloqueador solar.

Es cierto que el ejercicio te ayuda a mantenerte en forma y siempre es saludable, pero el cuerpo también tiene sus tiempos. ¿Sabes qué ganaron Jimena y Pedro, además de cansarse muchísimo ese día? Ella comenzó a sentir una molestia en la rodilla que no se le pasó en todas sus vacaciones y ahora debe cuidarse según las indicaciones del ortopedista (o traumatólogo), que es el médico que atiende los problemas en los huesos. Él, en cambio, terminó deshidratado, con un dolor de cabeza insoportable, la piel muy roja por el sol, los pies doloridos y un poco de fiebre que tardó varias horas en irse.

Conclusión: si no eres de los que hace ejercicio con regularidad y quieres empezar a hacerlo o si quieres retomar tu rutina de ejercicios luego de haberla dejado por un tiempo debido a alguna lesión o enfermedad, porque te has sometido a alguna cirugía o tal vez porque ha nacido tu bebé, empieza poco a poco, nunca trates de hacer todo de golpe porque puedes lastimarte.

El cuerpo necesita tiempo para adaptarse a una rutina de ejercicios, y para que los músculos y los huesos se vayan fortaleciendo y adquiriendo tonicidad y flexibilidad de manera progresiva. Al comenzar de nuevo la actividad, es importante que empieces progresivamente y sin exigirte demasiado, sobre todo si has tenido alguna lesión o si tienes alguna cicatriz.

Cuando el motivo del abandono haya sido una cuestión de salud, es importante que le cuentes a tu médico tu intensión de retomar el ejercicio y le preguntes si debes tener algún cuidado en particular antes de comenzar la rutina. Por ejemplo, no es lo mismo volver luego del parto, que de un infarto o de una cirugía bariátrica(que es la que se hacen las personas obesas para perder sobrepeso).

Con esos datos en mente, lo único que resta es constancia y paciencia, como la tortuga en su carrera con la liebre, que paso a paso y lentamente llega antes a destino y sin problemas.

Sin embargo, puede que te resulte difícil saber por dónde comenzar. Si ese es tu caso, he aquí algunas recomendaciones para que retomes una rutina de ejercicios sin lesionarte:
  • Ponte un objetivo que quieras lograr: correr cinco millas, hacer 200 abdominales diarios, escalar una montaña o ir en bicicleta en un trayecto largo. Cualquiera que sea tu meta, anótala y déjala en algún lugar visible.
  • Arma un plan de ejercicios. Lo primero que necesitas es hacerte el tiempo: define días y horarios que tienes disponibles y adónde irás a practicar. Asimismo, busca nuevos modos para ponerte en forma, sobre todo si has tenido una lesión y te estas recuperando. Puedes probar con ejercicios suaves y quizás sea el momento de empezar actividades como yoga o Pilates.
  • Escucha a tu cuerpo y acepta tus limitaciones. Sobre todo si has dejado el ejercicio por algún motivo de salud. Recuerda que has tenido un problema y que necesitas encontrar nuevas formas de ejercitar y devolverle a tu cuerpo la movilidad que ahora ha cambiado.
  • Cuida tus músculos. Comienza con movimientos lentos, usando pesas pequeñas para los ejercicios de resistencia, y recorriendo distancias cortas. Y no te desanimes. Con el tiempo empezarás a notar los resultados y, si has sido realista, cuando menos lo esperes estarás logrando el objetivo que te has propuesto.
Por último, recuerda que la actividad física es sólo una parte de tu plan de salud y bienestar en general. Si acompañas tu rutina con pequeños y saludables cambios en tu dieta, los resultados serán mucho más notorios. ¡Anímate!

Tomado de Vida y Salud

viernes, 16 de marzo de 2012

¿Tu presión arterial es diferente de un brazo al otro? Puede ser una señal de riesgo cardíaco.

Actualmente la mayoría de los profesionales tienden a tomar la presión arterial en un brazo solamente. Esto podría cambiar en base a un hallazgo reciente que relaciona la diferencia en los niveles de la presión arterial que se registran en uno u otro brazo con la presencia de la enfermedad arterial periférica, una condición del aparato circulatorio que aumenta el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular y otras condiciones que afectan la salud.

Quizá te hayan tomado la presión arterial muchas veces en la visita a tu médico. Pero, ¿cuántas veces te la han tomado en ambos brazos y han comparado las lecturas? Posiblemente ninguna, pues los profesionales de salud no acostumbran a hacerlo. Un hallazgo reciente podría hacer que esto cambie.

Se trata de un estudio realizado por unos investigadores del Colegio Península de Medicina y Odontología de la Universidad de Exeter en Devon, Inglaterra, según el cual tener una diferencia de al menos 10 milímetros de mercurio (mm Hg) entre la presión sistólica (el primer número) de un brazo y otro, podría indicar la presencia de una enfermedad del sistema circulatorio que aumenta las posibilidades de sufrir un accidente cerebrovascular (ACV) y otros trastornos que pueden ser mortales.

La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre sobre las paredes de las arterias, y que se mide de acuerdo al modo en que el corazón bombea la sangre, en base a dos niveles: la presión sistólica (o presión más alta que se obtiene) y la presión diastólica (o presión más baja que se obtiene), que es el momento en que el corazón está en reposo. Se considera que la presión es normal cuando el nivel registrado es menor de 130 (presión sistólica) / 90 (presión diastólica), para un adulto en reposo.

Hasta ahora, los profesionales de la salud estaban acostumbrados a tomar la presión en uno de los dos brazos del paciente. Sin embargo, en base a estos nuevos hallazgos, la recomendación es incluir un control de ambos brazos en algún momento, en especial si se trata de las personas diabéticas o de los fumadores, y hacer otros estudios más profundos si se encuentra una diferencia de más de 10 a 15 mm de Hg en la presión arterial entre ambos brazos.

Es que según este hallazgo, publicado en la edición en línea del 30 de enero de la revista The Lancet, esa pequeña diferencia podría indicar la presencia de lo que se denomina enfermedad arterial periférica (antes conocida como enfermedad vascular periférica), que ocurre cuando los vasos sanguíneos, que se encuentran fuera del corazón, se estrechan e impiden el paso normal de la sangre hacia los brazos y las piernas. Esto es provocado por depósitos de grasa o placas que se acumulan a lo largo de las paredes de los vasos sanguíneos, que generalmente se debe a una condición conocida como arterioesclerosis.

Quienes tienen enfermedad arterial periférica, entre otros problemas, tienen un mayor riesgo de desarrollar un infarto (un ataque al corazón), un derrame cerebral (o ataque cerebrovascular) y/o un ataque isquémico transitorio, todas estas situaciones pueden poner en peligro la vida de las personas. Lo bueno es que esta condición puede detenerse con cambios en la dieta, una rutina de ejercicios y si es necesario, medicamentos para disminuir los niveles elevados de colesterol y la hipertensión.

Por eso estos hallazgos son tan importantes. Para llegar a ellos, los investigadores analizaron los resultados de 28 estudios que habían sido publicados previamente, en los cuales se observaban diferencias en la presión arterial sistólica de ambos brazos.

Así detectaron que una diferencia de 15 mm de Hg o más entre las lecturas de ambos brazos se relacionaba con un mayor riesgo de enfermedad vascular periférica. Incluso, el riesgo también aumentaba cuando la diferencia de la presión arterial entre ambos brazos era de 10 mm Hg. Además, según los investigadores, esa diferencia también se asoció con un aumento del 70 por ciento en el riesgo de morir de alguna enfermedad del sistema circulatorio.

Ahora ya lo sabes: la próxima vez que visites a tu médico coméntale sobre este estudio y pídele que te tome la presión en ambos brazos. Si hay diferencia entre uno y otro (no importa en que brazo sea superior sino sólo que sean distintas) puede ser señal de que tienes un problema del corazón. Si te haces los estudios necesarios podrás comenzar cuanto antes a combatir esta la enfermedad arterial periférica que pone en riesgo tu vida.

Mientras tanto, recuerda que puedes comenzar a cuidarte ya mismo, dejando de fumar, si eres fumador, manteniendo tus niveles de colesterol y tu presión arterial dentro de los límites normales, llevando una dieta saludable y practicando a diario una rutina de ejercicios.

Tomado de Vida y Salud

jueves, 15 de marzo de 2012

¿Tu presión arterial es diferente de un brazo al otro? Puede ser una señal de riesgo cardíaco.

 
Actualmente la mayoría de los profesionales tienden a tomar la presión arterial en un brazo solamente. Esto podría cambiar en base a un hallazgo reciente que relaciona la diferencia en los niveles de la presión arterial que se registran en uno u otro brazo con la presencia de la enfermedad arterial periférica, una condición del aparato circulatorio que aumenta el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular y otras condiciones que afectan la salud.

Quizá te hayan tomado la presión arterial muchas veces en la visita a tu médico. Pero, ¿cuántas veces te la han tomado en ambos brazos y han comparado las lecturas? Posiblemente ninguna, pues los profesionales de salud no acostumbran a hacerlo. Un hallazgo reciente podría hacer que esto cambie.

Se trata de un estudio realizado por unos investigadores del Colegio Península de Medicina y Odontología de la Universidad de Exeter en Devon, Inglaterra, según el cual tener una diferencia de al menos 10 milímetros de mercurio (mm Hg) entre la presión sistólica (el primer número) de un brazo y otro, podría indicar la presencia de una enfermedad del sistema circulatorio que aumenta las posibilidades de sufrir un accidente cerebrovascular (ACV) y otros trastornos que pueden ser mortales.

La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre sobre las paredes de las arterias, y que se mide de acuerdo al modo en que el corazón bombea la sangre, en base a dos niveles: la presión sistólica (o presión más alta que se obtiene) y la presión diastólica (o presión más baja que se obtiene), que es el momento en que el corazón está en reposo. Se considera que la presión es normal cuando el nivel registrado es menor de 130 (presión sistólica) / 90 (presión diastólica), para un adulto en reposo.

Hasta ahora, los profesionales de la salud estaban acostumbrados a tomar la presión en uno de los dos brazos del paciente. Sin embargo, en base a estos nuevos hallazgos, la recomendación es incluir un control de ambos brazos en algún momento, en especial si se trata de las personas diabéticas o de los fumadores, y hacer otros estudios más profundos si se encuentra una diferencia de más de 10 a 15 mm de Hg en la presión arterial entre ambos brazos.

Es que según este hallazgo, publicado en la edición en línea del 30 de enero de la revista The Lancet, esa pequeña diferencia podría indicar la presencia de lo que se denomina enfermedad arterial periférica (antes conocida como enfermedad vascular periférica), que ocurre cuando los vasos sanguíneos, que se encuentran fuera del corazón, se estrechan e impiden el paso normal de la sangre hacia los brazos y las piernas. Esto es provocado por depósitos de grasa o placas que se acumulan a lo largo de las paredes de los vasos sanguíneos, que generalmente se debe a una condición conocida como arterioesclerosis.

Quienes tienen enfermedad arterial periférica, entre otros problemas, tienen un mayor riesgo de desarrollar un infarto (un ataque al corazón), un derrame cerebral (o ataque cerebrovascular) y/o un ataque isquémico transitorio, todas estas situaciones pueden poner en peligro la vida de las personas. Lo bueno es que esta condición puede detenerse con cambios en la dieta, una rutina de ejercicios y si es necesario, medicamentos para disminuir los niveles elevados de colesterol y la hipertensión.

Por eso estos hallazgos son tan importantes. Para llegar a ellos, los investigadores analizaron los resultados de 28 estudios que habían sido publicados previamente, en los cuales se observaban diferencias en la presión arterial sistólica de ambos brazos.

Así detectaron que una diferencia de 15 mm de Hg o más entre las lecturas de ambos brazos se relacionaba con un mayor riesgo de enfermedad vascular periférica. Incluso, el riesgo también aumentaba cuando la diferencia de la presión arterial entre ambos brazos era de 10 mm Hg. Además, según los investigadores, esa diferencia también se asoció con un aumento del 70 por ciento en el riesgo de morir de alguna enfermedad del sistema circulatorio.

Ahora ya lo sabes: la próxima vez que visites a tu médico coméntale sobre este estudio y pídele que te tome la presión en ambos brazos. Si hay diferencia entre uno y otro (no importa en que brazo sea superior sino sólo que sean distintas) puede ser señal de que tienes un problema del corazón. Si te haces los estudios necesarios podrás comenzar cuanto antes a combatir esta la enfermedad arterial periférica que pone en riesgo tu vida.

Mientras tanto, recuerda que puedes comenzar a cuidarte ya mismo, dejando de fumar, si eres fumador, manteniendo tus niveles de colesterol y tu presión arterial dentro de los límites normales, llevando una dieta saludable y practicando a diario una rutina de ejercicios.

Tomado de Vida y Salud

viernes, 24 de febrero de 2012

Los ejercicios más indicados para condiciones crónicas. ¿Cuál te conviene?

Si tienes algún problema de salud crónico y crees que eso te impide hacer ejercicios, sigue leyendo porque este artículo te puede interesar. Aquí te contamos qué tipo de actividades físicas te ayudan no sólo a prevenir sino también a mejorar los síntomas de enfermedades como las que afectan al corazón, la diabetes, la hipertensión y el cáncer, entre otras.

Posiblemente hayas leído o escuchado recomendaciones sobre las ventajas de hacer ejercicio y todo el bien que puede aportar a tu salud, pero aún así te cuesta crear una rutina y cumplirla, entre tantas obligaciones y cuestiones que debes atender a diario. Calma, ésta es una situación muy común, y más aún si padeces alguna enfermedad crónica que te desanime. Algunas personas dejan de hacer ejercicios porque creen que ya no están en condiciones físicas de hacerlos, y abandonan los esfuerzos.

José, por ejemplo, tiene problemas de corazón hace muchos años. Desde su primer infarto los médicos le aconsejaron que dejara el cigarrillo, que modificara su dieta y que saliera a caminar al menos media hora todos los días, para ayudar a su corazón a recuperarse.

Sin embargo, José tardó años en dejar de fumar, todavía le cuesta cuidarse con algunas comidas y su corazón se ha debilitado tanto que hoy le cuesta caminar apenas 5 minutos. A veces, mientras lee el periódico o al mirar televisión, su mente se dispersa y piensa arrepentido que su situación podría ser otra si hubiera escuchado las advertencias a tiempo.

Otro caso es el de Andrea. Desde que detectó que tiene presión alta, ha dejado de hacer ejercicio porque alguien le dijo que eso podría hacerle mal, y ella, por supuesto, tiene miedo de que así sea. Sin embargo, una rutina de actividad física es de gran ayuda para mantener una presión arterial normal y estable, sólo es necesario tener ciertos cuidados al practicar los ejercicios. Lo mismo ocurre para personas con cáncer, osteoporosis y problemas del corazón.

¿Hay algún tipo de ejercicio que sea mejor que otro para cada una de estas condiciones? Pues sí. Si bien una rutina de ejercicios suele incluir varios tipos de ejercicios, por ejemplo aeróbicos y de resistencia, algunos pueden ser más apropiados que otros de acuerdo a cada caso. Por eso siempre es importante que le consultes a tu médico qué cuidados debes tener y si debes evitar algún movimiento o esfuerzo en particular.

Los ejercicios aeróbicos, por ejemplo, han demostrado ser buenos para la enfermedad cardiaca, el nivel alto de colesterol, la diabetes, la presión alta, la apoplejía, el cáncer y las enfermedades pulmonares, aunque en algunos casos, por ejemplo, pueden recomendarte caminar en vez de correr, para no agitarte tanto.

Los ejercicios aeróbicos son aquellos de los cuales escuchamos hablar más frecuentemente. Están diseñados para aumentar la circulación de oxígeno en tu cuerpo gracias al movimiento repetitivo de los grupos de músculos largos que aumentan el ritmo del corazón.

Existen dos tipos de ejercicios aeróbicos: unos requieren el apoyo del peso corporal y hacen que los músculos trabajen contra la fuerza de la gravedad, como trotar, caminar o bailar, y otros no usan el apoyo del peso corporal y la fuerza de gravedad no juega un papel importante: es el caso de andar en bicicleta, nadar o remar.

Además, existen los que se llaman ejercicios anaeróbicos, entre los cuales se incluyen el estiramiento, el yoga y los ejercicios de resistencia con pesas, que buscan fortalecer los músculos. Esto es importante, por ejemplo, cuando tienes osteoporosis, ya que los músculos fortalecidos pueden ayudar a los huesos debilitados por la enfermedad a sostener el peso del cuerpo. En los casos de osteoporosis, además es aconsejable complementar los ejercicios de resistencia con los aeróbicos con apoyo del peso corporal.

Cuando los ejercicios de resistencia se combinan con los aeróbicos sin apoyo del peso corporal, en cambio, se convierten en una buena alternativa para combatir los síntomas de la artritis, una enfermedad de los huesos que puede ser muy dolorosa y limitar tu capacidad de moverte. Las actividades en el agua son ideales en estos casos

Estas combinaciones también son efectivas en otros casos. Así, por ejemplo, hacer los ejercicios de resistencia combinados con los aeróbicos de cualquier tipo es bueno para combatir la diabetes , el cáncer y la apoplejía o derrame cerebral, que ocurre cuando un vaso sanguíneo que lleva sangre y oxígeno al cerebro se revienta o se obstruye por una placa o un coágulo de sangre. En este último caso, además, también es importante incluir en la rutina los ejercicios de estiramiento.

Antes de iniciar una rutina de ejercicios, no te olvides consultar con tu médico. Y si hace mucho que no haces ejercicio recuerda que debes empezar poco a poco y no exigirle más a tu cuerpo de lo que puede dar. Lo importante es mantener la constancia. Si lo haces, verás que con el tiempo comenzaras a notar los buenos resultados.

Tomado de Vida y Salud

lunes, 3 de octubre de 2011

Alimentos saludables para tu corazón

Una forma sencilla de ayudar al buen funcionamiento del corazón – que hasta puede resultar muy agradable – es seleccionar alimentos saludables que no sólo te permitan mantener un peso adecuado sino también contribuyan a reducir la presión arterial y la cantidad de azúcar y colesterol en la sangre. En el mes de septiembre se celebra el Día Mundial del Corazón, y para unirnos al empeño de mantenerlo sano, te ofrecemos una serie de consejos para sepas qué comer para cuidarlo y para que los compartas con tus familiares y tus amigos.

Las enfermedades cardiovasculares son las que más muertes provocan en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las personas que mueren por algún problema de este tipo cada año superan los 17,1 millones. Por eso, el 28 de septiembre se celebra el Día Mundial del Corazón, el objeto es promover los métodos que reduzcan al mínimo los factores de riesgo que pueden afectarlo, como el exceso de peso y la falta de ejercicio regular.

En VidaySalud.com nos sumamos a esta campaña mundial, y desde aquí te contamos cómo elegir alimentos que te ayuden a mantener un corazón sano y fuerte. Si recuerdas el plato sugerido por la Agencia de Medicamentos y Alimentos (conocida como FDA por sus siglas en inglés) en abril de este año, la mitad está compuesta por frutas y verduras y un cuarto por alimentos que contengan fibra, como arroz integral o pan de salvado. Asimismo, incluye una porción de productos lácteos y sólo un cuarto del plato está destinado a las carnes y proteínas de origen animal.

Uno de los factores importantes a la hora de seleccionar alimentos para proteger el corazón es mirar las etiquetas de los productos y corroborar las cantidades o proporciones de grasas, azúcar, sal o sodio y calcio. De todos estos componentes, debes elegir los que tengan menos grasas, azúcar y sal o sodio y más calcio, vitaminas y fibra.

También debes aprender a diferencias los distintos tipos de grasas. Evita los productos con grasas hidrogenadas o trans (un tipo de grasa en que los fabricantes transforman la grasa líquida en sólida), utiliza manteca sólo de vez en cuando y, cuando quieras usar aceite, elige los más saludables, como los de oliva y canola.

Además, ¡ten cuidado! Cuando leas las etiquetas, presta atención a las que adviertan “sin grasa” o “sin colesterol”. Aunque puedan parecer muy saludables, no siempre lo son. ¿Por qué? Muchas veces estos productos tienen un alto contenido de azúcar, no son bajos en calorías y pueden elevar tus niveles de triglicéridos (otras grasas) en la sangre.

La dieta mediterránea es un ejemplo de una alternativa saludable no sólo para el corazón sino también para la salud en general. Un artículo reciente publicado en la revista del Colegio Americano de Cardiología se refiere a un estudio que analiza los resultados de 50 investigaciones que la presentan como un “seguro de vida” para tener un corazón sano y la asocian con la disminución de la mortalidad a causa de enfermedades del corazón, diabetes tipo 2, obesidad y algunos tipos de cáncer.

En la dieta mediterránea predominan las frutas, verduras, cereales integrales y productos lácteos bajos en grasa. A diferencia de la dieta que seguimos en los países de América, sólo consumen carnes rojas de tanto en tanto y en pequeñas cantidades. En su reemplazo, comen pescados, aves, frutos secos y legumbres cada semana. Asimismo, en vez de los aceites de maíz, girasol o manteca, utilizan principalmente aceite de oliva. Por otro lado, el consumo de alcohol es (y debe ser) moderado.

Ahora que sabes todo esto, ¿por qué no renuevas tu alacena? Que nunca falten los ingredientes para un corazón saludable:
Frutas y verduras frescas o congeladas sin azucarar.
Alternativas lácteas y no lácteas bajas en grasas y no hidrogenadas.
Frutos secos y semillas crudas y variadas.
Aceites variados: de oliva, canola, nuez, cacahuate o maní y sésamo; aerosoles para cocinar sin materias grasas y sustitutos de grasas para hornear, como el puré de higos y la salsa de manzana.
Vinagres variados: arroz, vino rojo, balsámico, sidra de la manzana y frambuesa.
Hierbas, condimentos y especias de todo tipo: ¡deja volar tu imaginación!
Edulcorantes artificiales o sustitutos del azúcar, como la miel y la stevia.
Legumbres y cereales, de preferencia integrales, ya que son más saludables y contienen más fibras.
Panes y pastas de harinas integrales, de soja (soya) o maíz.
Salsas y conservas sin grasa o bajas en grasa y con la menor cantidad de sal o sodio posible.
Sopas y caldos bajos en sodio.
Comidas congeladas sin sal ni azúcar añadidas.
Carne, aves de corral y sustitutos de carne, sin piel y con poca grasa.
Pescados variados: como salmón, caballa, tilapia, trucha, arenques y atún.

Recuerda que el 80% de los infartos y de los accidentes cerebrovasculares (derrames cerebrales) prematuros pueden evitarse, entre otras cosas, con una dieta sana. Si la acompañas de una actividad física regular y evitas el consumo de tabaco o dejas de fumar, tu corazón, de seguro, estará más sano.

Y aun con estos cambios en tu estilo de vida, no dejes de controlar regularmente tu presión arterial, el nivel de azúcar en tu sangre y el nivel de lípidos o colesterol, que son de los principales enemigos del corazón.

Tomado de Vida y Salud

sábado, 3 de septiembre de 2011

El alto consumo de carne roja procesada significa mayor riesgo de diabetes tipo 2


¿Te encanta la carne roja y la comes casi a diario? ¿Adoras los hot dogs? ¿Un desayuno con huevo y tocino es tu idea de comenzar el día bien? Aunque se te haga agua la boca, debes hacer cambios urgentes en tu dieta si no quieres terminar padeciendo de diabetes tipo 2, según confirman investigadores en el Harvard School of Public Health que advierten los riesgos que implica un consumo elevado de carne roja, especialmente si es procesada.

Hay familias en las que hay un verdadero culto a la carne roja. Piensan que si no comen un buen bistec no están bien alimentados. Otras, prefieren la conveniencia de los “hot dogs”, uno de los platos favoritos de los chicos. Y luego están los que no pueden resistirse a las salchichas, los embutidos y los tocinos. Si estás en alguno de estos grupos, es el momento de reconsiderar y pensar en las consecuencias para tu salud: una vez más, se ha demostrado la relación directa entre un exceso de la carne roja, especialmente si está procesada y la diabetes tipo 2.

A través de los años, un estudio tras otro ha ido reforzando la evidencia que corrobora ese vínculo. Ahora, la voz de alarma la ha dado un mega estudio, una investigación mucho más amplia y ambiciosa cuyos resultados se han publicado en la edición digital del American Journal of Clinical Nutrition.

Unos investigadores del Harvard School of Public Health analizaron los alimentos ingeridos por más de 200 mil hombres y mujeres que participaron en estudios previos como el Health Professionals Follow-Up y el Nurses’ Health Study. Los hábitos alimenticios de estos 200 mil participantes se rastrearon durante más de una década. Pero los científicos hicieron algo más: combinaron éstos con los resultados de otros resultados publicados previamente para poder analizar las dietas de unas 442,101 personas. Entre éstas, alrededor de 28,000 desarrollaron diabetes tipo 2.

Estos son los resultados del estudio que deben estimularte a realizar cambios en tu dieta:
Una porción diaria de 2 oz (56.82 gm, equivalente a dos rebanadas de tocino, por ejemplo) de carne procesada (tocino, hot dogs, salami, salchichón o boloña) aumentó el riesgo de diabetes en un 50%.

Una porción diaria de 4 oz (del tamaño de un juego de cartas), de carne roja no procesada como hamburguesas, bistec, cerdo o cordero aumentó el riesgo de diabetes en un 20%.

Si se sustituyen las porciones diarias de estas carnes rojas procesadas o no por nueces, granos integrales y productos lácteos bajos en grasa se reduce el riesgo en un 16 a un 35%.

Los investigadores consideran que el aumento del riesgo se relaciona con el alto grado de sodio y de nitratos presentes en...

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jueves, 5 de mayo de 2011

El ataque de pánico: ¿Le tienes miedo al miedo?


Si tu respuesta es afirmativa, tal vez sufres de un trastorno de ansiedad llamado “trastorno de pánico”. Las personas que sufren de este trastorno por lo general experimentan miedo repentino y repetitivo ante algunas situaciones. A esto se le denomina “ataque de pánico”, el cual se acompaña de síntomas físicos. Sigue leyendo para que te enteres de qué se trata el trastorno de pánico.
Alejandra tiene antecedentes de infarto (ataque al corazón) en su familia. Su abuela y su tía han sufrido de infartos. Ella acaba de cumplir 50 años y siente que está en riesgo de que le falle el corazón. Un día, sintió una pequeña presión en el pecho y de inmediato se encendieron sus alarmas: “¿qué me pasa? ¿por qué siento esta presión? ¿qué tal que me vaya a dar un infarto? ¡no puedo ignorar esta molestia!…tengo miedo, me duele… ¡me voy a morir! ¡llévenme al hospital!” Efectivamente, su esposo la llevó a la sala de emergencias y ahí descubrieron que no se trataba de un ataque al corazón, sino más bien de ansiedad, era un ataque de pánico. La molestia que Alejandra sentía en el pecho se debía a un poco de aire acumulado en sus pulmones.
El trastorno de pánico se manifiesta a través de ataques de pánico, que se caracterizan por tener miedo a cierta situación (a veces o, por lo general, infundada) o a tener miedo a perder el control. Esta sensación de miedo es acompañada por una intensa respuesta física del cuerpo, y en efecto, como en el caso de Alejandra, puedes sentir como si fueras a tener un infarto. Estos ataques pueden ocurrir en cualquier momento, y la persona que los ha sufrido tiene un miedo constante a que vuelvan a ocurrir.
Puede que sólo tengas uno o dos ataques de pánico en tu vida. Pero si has sufrido de varios ataques y siempre temes que aparezcan de nuevo, entonces tienes el trastorno de pánico.
Los síntomas del trastorno de pánico pueden incluir los siguientes:
  • Ataques de miedo repentinos y frecuentes
  • Sentir que vives en una situación que no es real
  • Sentir que todo está fuera de tu control y que estás por morir
  • Preocupación extrema por miedo a que ocurra otro ataque de pánico
  • Evitar ir a lugares o enfrentar situaciones en las cuales se ha presentado un ataque de pánico con anterioridad
Estas sensaciones y comportamientos van por lo general acompañados de manifestaciones o síntomas físicos:
  • Sudoración
  • Aceleración en los latidos del corazón
  • Debilidad, mareo y/o desmayos
  • Escalofríos
  • Dolor en el pecho
  • Entumecimiento (cosquilleo) en las manos
  • Náuseas y/o dolor de estómago
  • Dificultad para respirar
  • Temblores
No se sabe a ciencia cierta cuál es la causa del trastorno del pánico, pero los estudios sugieren que puede estar relacionado con varios factores que incluyen, entre otros: antecedentes familiares, anormalidades en el cerebro, abuso de algunas sustancias (drogas y alcohol) y el estrés en la vida diaria.
Si sospechas que tú o alguien a quien conoces padece del trastorno de pánico, busca atención médica tan pronto como sea posible. Los ataques de pánico son difíciles de manejar y pueden incluso empeorar en frecuencia e intensidad si no recibes tratamiento. Una evaluación por parte del especialista es indispensable, ya que el trastorno de pánico tiene síntomas que pueden confundirse con los de otras enfermedades.
Una vez que se establece el diagnóstico el médico te puede recomendar terapia psicológica y/o medicamentos para tratar el trastorno de pánico que pueden ser muy efectivos.
Alejandra decidió buscar atención médica y ahora se siente mucho mejor. ¡No dudes en hacer lo mismo! No esperes a que el miedo al miedo te inmovilice y afecte tu vida.
Tomado de Vida y Salud

sábado, 23 de abril de 2011

¿Se te subió la presión arterial? Puede ser culpa de las bebidas azucaradas


Las bebidas azucaradas que suelen ser tan deliciosas pueden tener efectos no tan agradables para tu salud. Aquí te contamos más acerca de algunas investigaciones recientes que relacionan el consumo de las bebidas azucaradas con un aumento en la presión arterial, uno de los principales factores de riesgo para las enfermedades del corazón.
Si eres de las personas que siempre prefieres las sodas o las bebidas azucaradas para acompañar tus comidas y tus bocadillos, debes saber que tu elección no es tan saludable. Las bebidas azucaradas no solamente contienen más calorías y pocos nutrientes, sino que también pueden elevar tu presión arterial. Así lo demuestran nuevos estudios al respecto.
La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre sobre las paredes de las arterias. Para medirla, se considera el momento en que el corazón expulsa la sangre hacia tu cuerpo para oxigenarlo, que determina el nivel más alto de presión (a esto se llama presión sistólica) y el momento en que el corazón está en reposo, entre un latido y otro, cuando la presión baja (a esto se le llama presión diastólica).
De acuerdo a los niveles de presión arterial que se registren, se considera que la presión arterial es normal o adecuada cuando se mantiene entre menos de 120 (presión diastólica) / 80 (presión sistólica). Cuando la presión arterial es superior a 140 (presión sistólica) / 90 (presión diastólica) se considera que está elevada y, si este es tu caso, deberías modificar tu estilo de vida y consultar con tu médico para ver si necesitas tomar medicamentos para bajar dichos niveles.
La presión arterial alta es uno de los principales riesgos para el desarrollo de la enfermedad cardíaca, ya que si bien puede no dar síntomas es una de las causantes de lo que se denomina aterosclerosis y enfermedad arterial coronaria, que se produce cuando las paredes de las arterias se vuelven más gruesas por el depósito de grasas en ellas. Algo así como el sarro que se forma en las cañerías.
Al engrosarse las paredes de las arterias, la sangre tiene menos espacio para pasar, lo que aumenta la presión sobre las paredes y limita la cantidad de sangre que llega al corazón, lo que además, puede causar la formación de coágulos sanguíneos que en algún momento de su recorrido pueden no encontrar espacio para pasar y detienen el flujo de sangre que debería llegar al corazón. O, esos depósitos de grasa y otras sustancias en las paredes de las arterias, que se llaman placa, también pueden partirse y un pedazo puede desprenderse y viajar por la arteria. Cuando esto ocurre (ya sea que el coágulo, el pedazo de placa viaje y tape la arteria, o simplemente que la placa se engruese tanto que ya no deje pasar la sangre) se producen los llamados infartos o ataques cardíacos. Por eso es tan importante controlar la presión arterial.
En relación con las bebidas edulcoradas o bebidas dulces, una investigación reciente encontró que las personas que consumen más glucosa y fructosa (dos tipos de endulzantes que se contienen estas bebidas) tienen niveles de presión arterial más elevados. Esto era más notorio aún en personas que consumían altos niveles de azúcar y de sodio (el sodio es la sal que está presente no sólo en los alimentos sino también en las bebidas, ya sea de manera natural o agregada).

Asimismo, los investigadores encontraron que quienes están acostumbrados a consumir más bebidas azucaradas, en general tienen una dieta menos saludable que quienes no lo hacen. Además, estas bebidas agregan más calorías al cuerpo lo que puede potenciar la obesidad, otro de los factores más importantes que ponen en riesgo la salud del corazón.
Y tú, ¿qué tipo de bebidas eliges y cómo es tu dieta en general? Si tienes sobre peso y eres de los que no pueden dejar de tomar sodas, intenta limitar su consumo y reemplazarlo por sodas sin azúcar o, mejor aún, por agua. Si lo logras, es posible que en poco tiempo comiences a notar los beneficios. Anímate, vale la pena intentarlo.
Tomado de Vida y Salud

viernes, 8 de abril de 2011

Trabajar muchas horas es malo para el corazón


¿Sabías que trabajar más de las 8 horas diarias acostumbradas  es malo para el corazón pues aumenta el riesgo de padecer enfermedades coronarias?  Un estudio europeo reciente, reportó estos hallazgos.
Recientemente se estudiaron a más de 6000 trabajadores en Londres durante 11 años. El estudio se hizo entre mujeres y hombres de edad promedio de 39 a 61 años.
La sorpresa fue encontrar que el riesgo de enfermedad coronaria (del corazón) era hasta 60% mayor,  en personas que trabajan de 3 a 4 horas más de las acostumbradas 7 a 8 horas de trabajo diario. El trabajar de  1 a 2 horas más al día no se encontró que causaba un riesgo mayor.
Las enfermedades del corazón que se encontraron con mayor frecuencia fueron enfermedades coronarias mortales (o sea que te mueres a causa de ellas), infartos del corazón no mortales, o angina de pecho (dolor en el pecho asociado a problemas de circulación coronaria). Esto se encontró como un factor independiente de los factores de riesgo tradicionales como sobrepeso, fumar y tener colesterol elevado. Por  lo tanto los investigadores concluyeron que el trabajar más horas al día es un factor independiente y un riesgo adicional de sufrir enfermedades del corazón.
Este estudio sugiere un asociación entre el trabajar más horas y enfermedades del corazón. Ahora quieren estudiar la relación con la depresión y la diabetes. Los autores del articulo piensan que las personas que trabajan más tiene personalidad tipo A, que tienden a ser mas agresivas, competitivas con mas depresión y ansiedad y duermen menos.
Otras explicaciones incluyen tener hipertensión arterial, que puede no encontrarse en chequeos de rutina y el trabajar aún cuando la persona esta enferma. El stress de trabajar más horas es un factor de riesgo, además de poder causar depresión que se ha visto en estudios recientes.
Este estudio te debe de poner a pensar que el trabajar muchas horas, el estar estresado en el trabajo y por eso sufrir de depresión o ansiedad, el dormir mal y por lo tanto tener menos horas para dedicarte a tu familia, al hacer ejercicio y en general a disfrutar más de la vida, es una mala idea.
Te pido que pienses muy bien como planear tu vida y tus días de trabajo antes de que te enfermes del corazón o de otras enfermedades y todo por trabajar un poco más.
Tomado de Vida y Salud

domingo, 28 de noviembre de 2010

8 consejos para reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad de las arterias coronarias

De las enfermedades cardiovasculares, la de las arterias coronarias (EAC), o sea del corazón, es la causa principal de muerte en los hombres y las mujeres en Estados Unidos. De hecho, es la más común en todo el mundo. ¿Qué puedes hacer para prevenirla? Acá te doy algunos consejos para que tengas en cuenta si quieres tener un corazón que ande a toda marcha.

Las arterias coronarias juegan un papel muy importante en tu salud: le dan a tu corazón los nutrientes y el oxígeno que necesita a través de la sangre. Pero, ¿qué pasa si se obstruye el flujo de la sangre? Surge la llamada enfermedad de las arterias coronarias (EAC).

La causa de esta enfermedad del corazón, es la acumulación de partículas de colesterol malo, triglicéridos, ácidos grasos que forman una placa conocida como placa de ateroma que se deposita en el interior de las paredes de las arterias. A esto se le conoce como ateroesclerosis y endurece y reduce el diámetro de las arterias. A medida que las arterias se tapan más, el corazón recibe menos sangre y es entonces cuando puedes experimentar dolor en el pecho o angina de pecho, que se puede acompañar de dificultad para respirar y otros síntomas. El episodio más grave de la enfermedad de arterias coronarias es un infarto o ataque al corazón.

La enfermedad de las arterias coronarias se desarrolla durante años sin que te des cuenta.
Silenciosamente se abre campo en tu organismo, y puede que para cuando tengas los síntomas, sea demasiado tarde. Por eso, la clave está en tomar medidas preventivas al respecto. Los hábitos de vida que llevas son claves para evitar o disminuir la velocidad con la que progresa esta enfermedad del corazón. Toma nota de estos consejos y no dudes en ponerlos en práctica lo antes posible:

1.Haz ejercicio: el practicar una actividad física diariamente ayuda a reducir los factores de riesgo de la enfermedad de las arterias coronarias: como colesterol elevado, diabetes, hipertensión y obesidad.

2.Deja de fumar: si no quieres sufrir de un ataque al corazón, dile adiós al cigarrillo.

3.Lleva una dieta sana: frutas, verduras y granos integrales son la clave.

4.Controla tus niveles de colesterol: hazte una prueba para medir tu colesterol cuando cumples 20 años y cada 5 años a partir de entonces.

5.Mide tu presión sanguínea para saber si está dentro de límites normales, si está elevada toma medidas para controlarla.

6.Pierde peso, sobretodo si tienes grasa acumulada alrededor de la cintura.
7.Si tienes diabetes, mantén tus niveles de glucosa en la sangre bajo control.

8.Controla el estrés mediante prácticas como el Yoga, la meditación o los masajes, por ejemplo.
Si controlas el estrés y la ansiedad tu corazón te lo agradecerá.

Consulta con un médico sobre tus factores de riesgo para desarrollar enfermedad de las arterias coronarias, especialmente, si tienes antecedentes familiares de parientes con ataques al corazón o tienes factores de riesgo como diabetes, obesidad, hipertensión, si fumas, si tienes el colesterol y/o los triglicéridos elevados o no haces ejercicio. Recuerda que si llevas un estilo de vida saludable, ya tienes mucho terreno ganado a favor de la salud de tus arterias y por consiguiente, de tu corazón.

Tomado de Vida y Salud