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miércoles, 3 de octubre de 2012

La actividad física retrasa la pérdida muscular (sarcopenia) propia del envejecimiento

He escuchado que se pierde masa ósea al envejecer, pero ¿qué pasa con la masa muscular? ¿Perderla es también una parte normal de envejecer? ¿Ayuda el ejercicio a retrasar el avance o es inevitable la pérdida de la masa muscular?

RESPUESTA de la Dra. Carmen Terzic, Medicina Física y Rehabilitación, Mayo Clinic de Rochester en Minnesota, Estados Unidos:

Perder masa muscular es algo muy común que ocurre con la edad. A pesar de que con el paso del tiempo todos perdamos masa muscular en algún grado, la cantidad perdida y la rapidez con la que ocurre depende de cuán bien uno cuida de su organismo. Permanecer activo y hacer ejercicio regularmente puede retrasar significativamente la pérdida muscular propia del envejecimiento.

El proceso de la pérdida de masa muscular que ocurre con la edad se conoce como sarcopenia y empieza alrededor de los 25 años, aunque es mucho más notorio después de los 65 años. Según se pierde la masa muscular, el cuerpo se vuelve más débil; y conforme avanza la pérdida muscular, sobre todo a partir de los 65 años, la capacidad de cuidar de uno mismo puede verse limitada. Realizar tareas simples, como vestirse, usar el baño y caminar, puede ser difícil cuando los músculos son débiles.

Además, conforme el músculo disminuye, puede ser más difícil mantener el equilibrio, y la persona entonces camina más lento y corre más riesgo de sufrir caídas y fracturas de los huesos. Esto es algo importante porque las investigaciones demuestran que cuando una persona mayor de 65 años sufre una caída y se fractura un hueso, existe la posibilidad de que su expectativa general de vida disminuya considerablemente. La debilidad muscular también se ha vinculado a varias otras enfermedades y existe, por ejemplo, una fuerte relación entre la sarcopenia debida a la edad y las enfermedades cardíacas.

Afortunadamente, está en manos de uno el combatir este proceso natural de la pérdida muscular. Hacer ejercicio y mantener un estilo de vida activo permite empezar a recuperar un poco de masa muscular, y lo mejor de todo es que el ejercicio puede ayudar a cualquier edad. Varios estudios se han realizado para comparar a personas de 70 a 80 años con otras de 20 a 30 años, que participaban en el mismo programa de reforzamiento muscular con levantamiento de pesas durante 12 semanas. Los científicos evaluaron la fuerza de los participantes antes y después del programa y descubrieron que ambos grupos ganaron una cantidad similar de fuerza, pese a la diferencia de edad. Por lo tanto, nunca es demasiado tarde, ni demasiado pronto, para empezar a proteger la masa muscular.

En concreto, para disminuir los efectos de la sarcopenia y retrasar la pérdida de masa muscular, una buena pauta es participar dos veces por semana en un programa de ejercicios de reforzamiento muscular. Dichos ejercicios deben abarcar todos los grupos musculares principales y componerse de ocho a diez repeticiones de cada uno. Se debe esperar por lo menos 48 horas entre una y otra sesión de ejercicios para permitir que los músculos se recuperen. Un excelente objetivo y logro sería aumentar los ejercicios, dentro de lo posible, a tres veces por semana.

Combinar los ejercicios de reforzamiento con los aeróbicos, así como con estiramientos y ejercicios para el equilibrio, puede aportar aún más ventajas a los músculos. Una de esas ventajas adicionales es que ese tipo de actividad física realizada regularmente puede también promover la salud cardíaca, ósea, metabólica y mental. No obstante, antes de empezar a ejercitarse, converse en el médico para decidir sobre el programa de ejercicios que mejor se acople a sus necesidades personales.

La pérdida de masa muscular es un proceso que se presenta con la edad, pero está en manos de uno controlarlo. Vale la pena añadir tiempo en su horario para hacer ejercicio regularmente, pues usted verá los beneficios a largo plazo no solamente en la fuerza, sino también en la flexibilidad y equilibrio, en un mejor estado físico y salud en general, y especialmente en su calidad de vida que es lo más importante. 

Tomado de Vida y Salud

jueves, 5 de mayo de 2011

El ataque de pánico: ¿Le tienes miedo al miedo?


Si tu respuesta es afirmativa, tal vez sufres de un trastorno de ansiedad llamado “trastorno de pánico”. Las personas que sufren de este trastorno por lo general experimentan miedo repentino y repetitivo ante algunas situaciones. A esto se le denomina “ataque de pánico”, el cual se acompaña de síntomas físicos. Sigue leyendo para que te enteres de qué se trata el trastorno de pánico.
Alejandra tiene antecedentes de infarto (ataque al corazón) en su familia. Su abuela y su tía han sufrido de infartos. Ella acaba de cumplir 50 años y siente que está en riesgo de que le falle el corazón. Un día, sintió una pequeña presión en el pecho y de inmediato se encendieron sus alarmas: “¿qué me pasa? ¿por qué siento esta presión? ¿qué tal que me vaya a dar un infarto? ¡no puedo ignorar esta molestia!…tengo miedo, me duele… ¡me voy a morir! ¡llévenme al hospital!” Efectivamente, su esposo la llevó a la sala de emergencias y ahí descubrieron que no se trataba de un ataque al corazón, sino más bien de ansiedad, era un ataque de pánico. La molestia que Alejandra sentía en el pecho se debía a un poco de aire acumulado en sus pulmones.
El trastorno de pánico se manifiesta a través de ataques de pánico, que se caracterizan por tener miedo a cierta situación (a veces o, por lo general, infundada) o a tener miedo a perder el control. Esta sensación de miedo es acompañada por una intensa respuesta física del cuerpo, y en efecto, como en el caso de Alejandra, puedes sentir como si fueras a tener un infarto. Estos ataques pueden ocurrir en cualquier momento, y la persona que los ha sufrido tiene un miedo constante a que vuelvan a ocurrir.
Puede que sólo tengas uno o dos ataques de pánico en tu vida. Pero si has sufrido de varios ataques y siempre temes que aparezcan de nuevo, entonces tienes el trastorno de pánico.
Los síntomas del trastorno de pánico pueden incluir los siguientes:
  • Ataques de miedo repentinos y frecuentes
  • Sentir que vives en una situación que no es real
  • Sentir que todo está fuera de tu control y que estás por morir
  • Preocupación extrema por miedo a que ocurra otro ataque de pánico
  • Evitar ir a lugares o enfrentar situaciones en las cuales se ha presentado un ataque de pánico con anterioridad
Estas sensaciones y comportamientos van por lo general acompañados de manifestaciones o síntomas físicos:
  • Sudoración
  • Aceleración en los latidos del corazón
  • Debilidad, mareo y/o desmayos
  • Escalofríos
  • Dolor en el pecho
  • Entumecimiento (cosquilleo) en las manos
  • Náuseas y/o dolor de estómago
  • Dificultad para respirar
  • Temblores
No se sabe a ciencia cierta cuál es la causa del trastorno del pánico, pero los estudios sugieren que puede estar relacionado con varios factores que incluyen, entre otros: antecedentes familiares, anormalidades en el cerebro, abuso de algunas sustancias (drogas y alcohol) y el estrés en la vida diaria.
Si sospechas que tú o alguien a quien conoces padece del trastorno de pánico, busca atención médica tan pronto como sea posible. Los ataques de pánico son difíciles de manejar y pueden incluso empeorar en frecuencia e intensidad si no recibes tratamiento. Una evaluación por parte del especialista es indispensable, ya que el trastorno de pánico tiene síntomas que pueden confundirse con los de otras enfermedades.
Una vez que se establece el diagnóstico el médico te puede recomendar terapia psicológica y/o medicamentos para tratar el trastorno de pánico que pueden ser muy efectivos.
Alejandra decidió buscar atención médica y ahora se siente mucho mejor. ¡No dudes en hacer lo mismo! No esperes a que el miedo al miedo te inmovilice y afecte tu vida.
Tomado de Vida y Salud