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lunes, 16 de julio de 2012

Nadar ayuda a los adultos mayores a reducir la presión arterial

La hipertensión es una de las condiciones más comunes, sobre todo después de cierta edad, y hay medicamentos que la controlan con efectividad. Pero si tú eres hipertensa (o), ¿no te gustaría complementar el tratamiento médico con uno de los ejercicios más completos y divertidos que existen?

La presión arterial no es más que la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias. Cuando el corazón late, bombea y expulsa la sangre a las arterias, y entonces la presión arterial se encuentra en su nivel más alto. Esto se conoce como presión sistólica. Cuando el corazón reposa entre latido y latido, la presión arterial disminuye, y se llama presión diastólica. La presión normal es de 120/80 mm Hg (120 la sistólica y 80 la diastólica); 140/90 mm Hg o más indican hipertensión; entre 120 y 139 mm Hg en la sistólica, y entre 80 y 89 mm Hg en la diastólica, se considera pre-hipertensión.

Por lo regular la hipertensión no da síntomas, pero puede causar problemas de salud serios, como derrames cerebrales (apoplejías o accidentes cerebrovasculares), insuficiencia cardíaca, infarto e insuficiencia renal. Por suerte, puedes combatirla llevando una vida sana, haciendo ejercicios y tomando los medicamentos apropiados.

Pero al parecer hay otra manera muy agradable de ayudar a controlarla. Un estudio publicado en el American Journal of Cardiology sugiere que nadar ayuda a controlar la presión sistólica de los adultos mayores. Unas investigaciones anteriores habían sugerido que el ejercicio moderado, como caminar, montar en bicicleta o nadar es seguro para las personas con la presión sistólica alta. Pero este estudio es el primero que parece demostrar que nadar en particular mejora la función vascular de los adultos mayores y reduce la presión arterial.

El estudio se realizó en 43 hombres y mujeres que tenían alrededor de los 60 años, que sólo padecían de hipertensión o pre-hipertensión. Los investigadores les indicaron a algunos de los participantes que tomaran clases de natación supervisadas de 45 minutos, y a otros que aprendieran ejercicios de relajación. Durante 12 semanas, los primeros tomaron tres o cuatro clases por semana, hasta lograr nadar 45 minutos por clase.

Al comenzar el estudio, los nadadores tenían un valor máximo promedio de 131 mm Hg. Al final del estudio, el valor había bajado a 122 mm Hg, o sea, nueve puntos menos en su presión sistólica, lo que no ocurrió con los participantes que habían hecho ejercicios de relajación.

Los resultados se repitieron cuando se les pidió a los participantes que utilizaran monitores portátiles para medir la presión arterial durante 24 horas. En ese período, los participantes que nadaron mantuvieron un valor promedio en su presión sistólica de 119 mm Hg (al inicio del estudio el valor era de 128 mm Hg).

En el estudio también se utilizaron exámenes de ultrasonido para determinar la dilatación vascular debido a los cambios del flujo de la sangre. También en esta prueba, los nadadores obtuvieron mejores resultados que los otros.

Aunque se necesitan más estudios para determinar si la disminución de la presión arterial es duradera y si se reduce el riesgo de desarrollar un infarto o un derrame cerebral, los resultados coinciden con las indicaciones de los especialistas, que les recomiendan a los adultos mayores que hagan ejercicio moderado para mantener la salud del corazón.

Y hay algo más. Como la flotación en el agua contrarresta el peso del cuerpo, nadar no afecta las articulaciones de la rodilla y del tobillo. Claro que no puedes empezar un programa de natación (ni de ningún otro ejercicio) sin consultar antes con tu médico. Pero si padeces de presión arterial alta y tu médico te autoriza a que practiques un ejercicio moderado y quieres participar en una actividad que casi todo el mundo disfruta, busca tu traje de baño, encamínate a la playa o a la piscina más cercana… ¡y al agua!

Tomado de Vida y Salud

lunes, 3 de octubre de 2011

Alimentos saludables para tu corazón

Una forma sencilla de ayudar al buen funcionamiento del corazón – que hasta puede resultar muy agradable – es seleccionar alimentos saludables que no sólo te permitan mantener un peso adecuado sino también contribuyan a reducir la presión arterial y la cantidad de azúcar y colesterol en la sangre. En el mes de septiembre se celebra el Día Mundial del Corazón, y para unirnos al empeño de mantenerlo sano, te ofrecemos una serie de consejos para sepas qué comer para cuidarlo y para que los compartas con tus familiares y tus amigos.

Las enfermedades cardiovasculares son las que más muertes provocan en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las personas que mueren por algún problema de este tipo cada año superan los 17,1 millones. Por eso, el 28 de septiembre se celebra el Día Mundial del Corazón, el objeto es promover los métodos que reduzcan al mínimo los factores de riesgo que pueden afectarlo, como el exceso de peso y la falta de ejercicio regular.

En VidaySalud.com nos sumamos a esta campaña mundial, y desde aquí te contamos cómo elegir alimentos que te ayuden a mantener un corazón sano y fuerte. Si recuerdas el plato sugerido por la Agencia de Medicamentos y Alimentos (conocida como FDA por sus siglas en inglés) en abril de este año, la mitad está compuesta por frutas y verduras y un cuarto por alimentos que contengan fibra, como arroz integral o pan de salvado. Asimismo, incluye una porción de productos lácteos y sólo un cuarto del plato está destinado a las carnes y proteínas de origen animal.

Uno de los factores importantes a la hora de seleccionar alimentos para proteger el corazón es mirar las etiquetas de los productos y corroborar las cantidades o proporciones de grasas, azúcar, sal o sodio y calcio. De todos estos componentes, debes elegir los que tengan menos grasas, azúcar y sal o sodio y más calcio, vitaminas y fibra.

También debes aprender a diferencias los distintos tipos de grasas. Evita los productos con grasas hidrogenadas o trans (un tipo de grasa en que los fabricantes transforman la grasa líquida en sólida), utiliza manteca sólo de vez en cuando y, cuando quieras usar aceite, elige los más saludables, como los de oliva y canola.

Además, ¡ten cuidado! Cuando leas las etiquetas, presta atención a las que adviertan “sin grasa” o “sin colesterol”. Aunque puedan parecer muy saludables, no siempre lo son. ¿Por qué? Muchas veces estos productos tienen un alto contenido de azúcar, no son bajos en calorías y pueden elevar tus niveles de triglicéridos (otras grasas) en la sangre.

La dieta mediterránea es un ejemplo de una alternativa saludable no sólo para el corazón sino también para la salud en general. Un artículo reciente publicado en la revista del Colegio Americano de Cardiología se refiere a un estudio que analiza los resultados de 50 investigaciones que la presentan como un “seguro de vida” para tener un corazón sano y la asocian con la disminución de la mortalidad a causa de enfermedades del corazón, diabetes tipo 2, obesidad y algunos tipos de cáncer.

En la dieta mediterránea predominan las frutas, verduras, cereales integrales y productos lácteos bajos en grasa. A diferencia de la dieta que seguimos en los países de América, sólo consumen carnes rojas de tanto en tanto y en pequeñas cantidades. En su reemplazo, comen pescados, aves, frutos secos y legumbres cada semana. Asimismo, en vez de los aceites de maíz, girasol o manteca, utilizan principalmente aceite de oliva. Por otro lado, el consumo de alcohol es (y debe ser) moderado.

Ahora que sabes todo esto, ¿por qué no renuevas tu alacena? Que nunca falten los ingredientes para un corazón saludable:
Frutas y verduras frescas o congeladas sin azucarar.
Alternativas lácteas y no lácteas bajas en grasas y no hidrogenadas.
Frutos secos y semillas crudas y variadas.
Aceites variados: de oliva, canola, nuez, cacahuate o maní y sésamo; aerosoles para cocinar sin materias grasas y sustitutos de grasas para hornear, como el puré de higos y la salsa de manzana.
Vinagres variados: arroz, vino rojo, balsámico, sidra de la manzana y frambuesa.
Hierbas, condimentos y especias de todo tipo: ¡deja volar tu imaginación!
Edulcorantes artificiales o sustitutos del azúcar, como la miel y la stevia.
Legumbres y cereales, de preferencia integrales, ya que son más saludables y contienen más fibras.
Panes y pastas de harinas integrales, de soja (soya) o maíz.
Salsas y conservas sin grasa o bajas en grasa y con la menor cantidad de sal o sodio posible.
Sopas y caldos bajos en sodio.
Comidas congeladas sin sal ni azúcar añadidas.
Carne, aves de corral y sustitutos de carne, sin piel y con poca grasa.
Pescados variados: como salmón, caballa, tilapia, trucha, arenques y atún.

Recuerda que el 80% de los infartos y de los accidentes cerebrovasculares (derrames cerebrales) prematuros pueden evitarse, entre otras cosas, con una dieta sana. Si la acompañas de una actividad física regular y evitas el consumo de tabaco o dejas de fumar, tu corazón, de seguro, estará más sano.

Y aun con estos cambios en tu estilo de vida, no dejes de controlar regularmente tu presión arterial, el nivel de azúcar en tu sangre y el nivel de lípidos o colesterol, que son de los principales enemigos del corazón.

Tomado de Vida y Salud

jueves, 14 de julio de 2011

Comer sano y delicioso, más allá de sólo carne y papas


Las frutas, verduras, cereales integrales y productos lácteos con bajo contenido de grasa deben ser la atracción principal de una dieta sana y la carne sólo debe aparecer brevemente.  Una sección especial de la “Mayo Clinic Health Letter”, llamada “Más allá de la carne y las papas: el arte de comer bien”, ofrece ideas para una alimentación apetecible y nutritiva.
A continuación se mencionan algunos de los consejos sanos que aparecen en el informe especial:
Sea un nuevo omnívoro: No hay ninguna necesidad de despedirse de la carne, pero debido a los riesgos para la salud vinculados a colesterol más alto y grasas saturadas, es mejor restringir el consumo a menos de seis onzas diarias.
No olvide la fibra: La fibra alimenticia, conocida también como sustancia para crear volumen, abarca todos los componentes de los vegetales que el cuerpo no puede digerir ni absorber.  La fibra atraviesa el tracto digestivo relativamente intacta.  Entonces, ¿por qué debemos comerla?  Porque la fibra ayuda en el funcionamiento del intestino (y disminuye el riesgo de hemorroides), reduce el nivel del colesterol, ayuda a regular el nivel del azúcar sanguíneo y sirve para perder peso.  Los alimentos con alto contenido de fibra generalmente requieren masticarse durante más tiempo, lo que le permite al cuerpo percatarse que está lleno.
Sabroso, no salado: Restringir el consumo de sal puede ayudar a mantener controlada la presión sanguínea, lo que podría disminuir el riesgo de enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia cardíaca congestiva y problemas renales.  En lugar de echar sal, considere añadir especies frescas picadas o secas en las sopas, ensaladas o en el sándwich.  El ajo, el jengibre fresco, el jugo y la cáscara rallada de los cítricos o los vinagres saborizados mejoran el sabor y pueden convertir a un alimento simple en algo más interesante.
Kilos y calorías: Se necesita aproximadamente 3.500 calorías sobre la necesidad calórica diaria de la persona para ganar casi medio kilo (1 libra) de grasa corporal.  De igual manera, se requiere alrededor de 3.500 calorías por debajo de la necesidad calórica diaria para perder casi medio kilo (1 libra) de grasa corporal.  Sin embargo, unas calorías diarias aquí y allá empiezan a sumarse y cuando alguien come sólo 100 calorías más al día, al cabo de un año puede ganar 4,5 kilos (10 libras).  Lo opuesto ocurre también, pues al comer 100 calorías menos al día, una persona puede perder 4,5 kilos (10 libras) en un año.
¿Qué hay de cenar?  La sección especial presenta 10 recetas fáciles que no sólo se componen de carne y papas.  Entre las alternativas están: trucha a la parrilla con aderezo de tomate y cebolla roja, guisantes (arvejas) en vaina con mejorana fresca, carne bien condimentada en palito, piña asada y bayas mixtas frescas con salsa de jengibre.

Tomado de Vida y Salud