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sábado, 2 de junio de 2012

Consejos para una buena nutrición cuando tienes cáncer

El término dieta saludable tiene un significado diferente para las personas que sufren de cáncer. Ellas necesitan seguir una dieta acorde a sus necesidades, según el tipo de tumor del qué se trate, dónde esté alojado y cuán avanzado esté. Además, los tratamientos como la quimioterapia pueden hacer que la hora de la comida se convierta realmente en un problema. He aquí algunos consejos para tener en cuenta, si quieres llevar una buena nutrición cuando tienes cáncer.

El solo hecho de saber que tienes cáncer puede quitarte el apetito o, por el contrario, hacer que no puedas parar de comer. Posiblemente, desde que has recibido tu diagnóstico tus prioridades han cambiado y tu forma de ver el mundo ya no es la misma. No puede ni volverá a serlo. Eso es algo natural, pero es sólo una parte de los cambios que notarás a lo largo de este proceso.

Tanto la enfermedad como el tratamiento pueden provocar nuevas sensaciones, no sólo emocionales sino también físicas, que a veces resultan molestas y, si no les brindas la atención necesaria, pueden convertirse en un problema más, algo que nadie quiere que suceda, cuando el cáncer ya es toda una revolución en sí misma para tu vida.

Por eso, es importante que hables mucho con el profesional que te atiende, para que despeje todas tus dudas y pueda aconsejarte correctamente de acuerdo a tus necesidades, ya que si bien cada paciente es diferente y los síntomas que tiene cada uno son particulares, no está de más saber qué cosas pueden ocurrirte para poder estar preparado y saber cómo actuar, en caso de que sucedan.

En general todas las personas con cáncer necesitan alimentarse de manera diferente, ya que la enfermedad hace que el cuerpo utilice más energía y, dependiendo de dónde esté ubicado el tumor y cuán avanzado esté, puede provocar carencia de algunos nutrientes y pérdida de peso o de masa muscular.

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sábado, 19 de noviembre de 2011

Los niños y el envenenamiento por plomo: un peligro que puede evitarse

Como padre responsable, preocupado por el bienestar de tus hijos, te interesará saber qué puedes hacer para evitar que ingieran este compuesto y se intoxiquen y/o se envenenen con el plomo, un metal tóxico tan abundante en el medio ambiente. La mayoría de los adultos lo tienen en su cuerpo en dosis muy bajas y lo toleran bien, pero los niños, hasta en cantidades pequeñas, puede traer consecuencias negativas en el aprendizaje, en el comportamiento y en la salud en general. Presta atención para que sepas qué debes hacer.

Los niños exploran el mundo con las manos. Con sus deditos van tocando todo tipo de objetos (empezando con sus juguetes), entran en contacto con el suelo y otras superficies mientras gatean o juegan, y luego, con la mayor tranquilidad del mundo se llevan las manos a la boca. Esa interacción entre mano y boca, que es parte del desarrollo normal de la infancia, los hace mucho más susceptibles a la contaminación y a la intoxicación o envenenamiento por plomo, que también se conoce como saturnismo o plumbosis. ¿Pero cómo, dirás, si mantienes tu casa escrupulosamente limpia? ¿De dónde viene ese plomo? No se trata de suciedad, sino de antigüedad. Ahora te explico.

La mayoría de los hogares construidos antes de 1960, contienen todavía restos de pintura a base de plomo, cuyo uso residencial se prohibió en 1978, al menos en Estados Unidos. Aunque la estructura se haya pintado posteriormente, la pintura con contenido de plomo puede pasar al aire al descascarillarse, ya sea al realizar reparaciones caseras o remodelaciones, al raspar la pintura vieja para pintarse de nuevo, o con el roce continuo de las superficies como con los marcos de las ventanas. Es durante estos procesos que las partículas de la pintura pasan a formar parte del polvo que se acumula en el suelo y en las esquinas, o en la tierra o las áreas que rodean la casa. Y ahí es en donde pueden “encontrarlas” las manitas de los niños. Según los datos ofrecidos por el Centro de Control de Enfermedades (CDC), esta es la fuente del envenenamiento o intoxicación por plomo de un 30% de los casos entre la población infantil en los Estados Unidos. Pero hay otras fuentes:
  • Contacto con juguetes, o con bisutería de juguetes, importados
  • Madre embarazada que transfiere el plomo a su bebé a través del torrente sanguíneo
  • Caramelos importados
  • Cosméticos importados
  • Materiales utilizados en procedimientos artesanales que puedan realizarse como pasatiempo en el hogar, como la confección de objetos de cerámica o de alfarería
  • Agua contaminada al pasar por tuberías antiguas hechas a base de plomo, o con soldadura o válvulas de plomo o de bronce
  • Algunos productos como teteras y persianas de vinilo
Las leyes son menos estrictas en otros países. Ten precaución con los productos mencionados arriba. Otro ejemplo es, en Estados Unidos es ilegal empacar alimentos en latas soldadas con plomo, no es así en todos los países y los alimentos se pueden contaminar. Ten precaución.

El riesgo de la exposición al plomo también puede aumentar si uno de los adultos que vive en el hogar trabaja en una industria en la que se emplea el plomo, y regresa a casa con la ropa de trabajo y los niños la pueden tocar, o si la ropa de trabajo contaminada se lava en la misma tanda que la ropa del resto de la familia.

¿Por qué hay que evitar la intoxicación con plomo?...

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lunes, 22 de agosto de 2011

Ortorexia: cuando querer comer demasiado bien en realidad está mal


No, no es ni un trabalenguas ni un error de texto. Verás por qué. Si bien lo ideal es comer de manera saludable y elegir alimentos de buena calidad, todos los extremos son malos. Algunas personas se toman esto tan en serio que se pasan de la raya y lo convierten en una obsesión que los médicos han acordado en denominar ortorexia, un nombre raro que hasta puede resultar gracioso, pero que se refiere a un trastorno de salud que no tiene nada de chiste.
Hace tiempo que Clara no va a un restaurante y mucho menos a una fiesta. Y no es que le falten  oportunidades y ocasiones para celebrar. Es que le preocupa enfermarse con lo que coma en esos lugares. Prefiere entonces quedarse en casa.  El suyo es un caso típico de “ortorexia” también llamado “ortorexia nerviosa”, un término que proviene de dos palabras griegas “orthos”, que significa recto o correcto, y “orexis”, que significa apetito. Se refiere a quienes son demasiado exigentes con los alimentos y la preparación de los platos,  obsesionándose hasta tal punto por comer comida sana, sin grasas y sin azúcares, que paradójicamente convierten una buena intención en un problema de salud.
¿Cómo es tu dieta, cuánto tiempo pasas pensando en la alimentación y preparando tus comidas? Las personas con ortorexia, que se estima alcanzan al 28 por ciento de la población occidental, preparan con varios días de anticipación lo que van a comer y hasta pueden ser incapaces de ir a cenar fuera por miedo a las grasas, la sal, el azúcar o al ingrediente que quieran evitar. Se preocupan tanto por su dieta que para ellos, hasta ir a una fiesta, puede convertirse en una pesadilla.
Así, la ortorexia es un trastorno de la alimentación, al igual que la bulimia (que es cuando la persona come y luego se induce el vómito para eliminar lo que comió) y la anorexia nerviosa (en la cual la persona directamente se priva de comer).  Se diferencia de éstas porque mientras que los anoréxicos y los bulímicos se preocupan por la cantidad de comida que consumen, los ortoréxicos se obsesionan con la calidad de los alimentos.
Algunos de los síntomas principales de la ortorexia nerviosa son:
  • Preocupación excesiva por la calidad de los alimentos.
  • Autolimitación de los alimentos que se consumen (se evita el consumo de carne roja, huevos, azúcares, productos lácteos y grasas).
  • Dedicar varias horas al día (tres o más) a organizar y planear su dieta.
  • Desplazarse grandes distancias para conseguir alimentos especiales o puramente ecológicos.
  • Imposibilidad de que la persona vaya a comer o disfrute una comida fuera de su casa.
  • Aislamiento social, debido a que el tener que asistir a una reunión entre los amigos o una comida empresarial con un grupo que no tenga las mismas costumbres alimenticias puede volverse una preocupación.

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miércoles, 10 de agosto de 2011

¿El niño tiene fiebre? ¡No te equivoques con la dosis de acetaminofén!


Si el término acetaminofén no te resulta familiar, seguramente lo reconocerás por su nombre de marca, Tylenol, un medicamento que los padres administran a sus niños para bajarles la fiebre, o aliviarles un dolor o malestar. En la proporción correcta para cada edad es un excelente aliado, pero hay que tener cuidado: en dosis excesiva puede resultar tóxico y dañino, según advierte a los padres y al público en general un reciente comunicado de la Administración de Alimentos y Medicamentos (conocido como FDA, por sus siglas en inglés).
Cuando Eduardo comenzó a ir a la guardería a los tres añitos, una de las primeras cosas que trajo de vuelta a casa ¡fue un virus!  Su pediatra le recomendó reposo, líquidos y acetaminofén o Tylenol para la fiebre.  Cuando se agotó el que quedaba en el frasco, el papá de Eduardo pensó que no había razón para ir corriendo a comprar uno nuevo a la farmacia cuando en el botiquín tenían un frasco de acetaminofén concentrado que usan cuando se enferma  su bebé de 9 meses. “Le doy a Eduardo una cucharadita más de éste que es para bebitos y así le hace efecto”, pensó. ¡Un grave error!
Según la doctora Sandra Kweder, de la Oficina de Nuevos Medicamentos de la Administración de Medicamentos y Alimentos (o FDA), cuando el acetaminofén que se vende en forma de gotas concentradas (para bebés) se le administra a un niño mayor en una cantidad más elevada (una cucharada, por ejemplo),  puede ocasionar una sobredosis fatal. Desafortunadamente, es un error muy común. Según la doctora Kweder, ése es precisamente el problema más grande con el uso del acetaminofén: darle a los niños, sin querer, la dosis equivocada.
Y bueno, puedes preguntarte, ¿por qué es tan fácil equivocarse con la dosis de acetaminofén o Tylenol? ¿Es que las instrucciones para su uso no vienen bien claras en los envases? Por supuesto que sí, pero analicemos las razones.
En primer lugar, la confusión puede derivarse en parte por la gran variedad de opciones  del mismo producto, que viene en diferentes concentraciones e instrucciones de dosificación para niños en distintas edades de desarrollo.  Son tantas las que hay en el mercado que a veces no se sabe ni cuál escoger. Compruébalo la próxima vez que vayas a la farmacia: echa una ojeada a la cantidad de opciones para el acetaminofén: envases en diversos tamaños, colores, para el día, para la noche, para bebés, para niños de 2-4 y la lista continua.
En segundo lugar, muchas personas no leen las instrucciones completas o se confían pensando que si es un medicamento tan común debe ser totalmente inofensivo.
Pero aún cuando los padres sean extremadamente cautelosos en la administración del acetaminofén, es posible que se produzca una sobredosis si el niño está tomando más de un medicamento que lo contenga como ingrediente activo  (uno para bajar la fiebre, otro para aliviar la tos y el dolor de garganta o para contener la secreción nasal, por ejemplo).  ¿Cómo es posible? Pues porque el acetaminofén se encuentra también en esos medicamentos para el catarro o  para la tos. De hecho, se encuentra en la fórmula o composición de más de 600 medicamentos ya sean recetados o de venta libre.
Entonces, ¿es seguro usar acetaminofén o no?  Si se siguen las instrucciones del envase, el acetaminofén es por lo general seguro y efectivo.  Pero si el niño toma más de lo indicado puede producirle náuseas, vómitos o dolor en el abdomen.
En la actualidad, la FDA está revisando las recomendaciones para unificar la dosificación y la potencia del medicamento (hoy día existen 7 potencias en el mercado), así como para establecer estándares más precisos para las unidades de medida del envase (vienen lo mismo en mililitros, que en cucharadas que en centímetro cúbicos).
Para darle acetaminofén a tu hijo, sigue los siguientes consejos:
  • Nunca le des más de una medicina que contenga acetaminofén a la vez. Para saber si un medicamento de venta libre (sin receta) lo contiene, busca el nombre acetaminofén (acetaminophen) en donde están los: datos acerca de la medicina (Drug Facts) en la sección en la que se enumeran los ingredientes activos.  Si el medicamento te lo recetó el médico, pregúntale al farmacéutico.
  • Selecciona la medicina de venta libre adecuada para la edad y el peso del niño. La sección del envase que tiene las instrucciones te indica si la medicina es la adecuada para tu hijo y qué cantidad debes darle. Si la dosis para la edad o el peso del niño no aparece en el envase o no tienes claro cuánto debes darle, es mejor que consultes con el farmacéutico o con el pediatra.
  • Nunca le des más cantidad de la indicada. Si la medicina no es suficiente para bajar la fiebre o aliviar al dolor, llama al médico para que te indique qué hacer.
  • Si la medicina viene en líquido, usa el medidor que viene con el frasco. Nunca uses una cuchara de mesa común.
  • Mantén un registro diario de la cantidad de medicamento que toma el niño y a qué hora se la das para que todos los que están al cuidado del niño sepan exactamente cuándo se le administró la última dosis y no le den otra por accidente.
  • Si te saltas una dosis, no le des el doble en la siguiente para compensar la que perdió. Sigue el horario ya establecido.
  • Si el niño ingiere accidentalmente demasiado acetaminofén, busca ayuda médica de inmediato, aunque el niño no se sienta mal.  Llama a emergencia o llévalo rápidamente a un hospital o centro de atención de la salud. Algunos de los síntomas de sobredosis de este medicamento son: náuseas, vómitos, falta de apetito, sudoración, cansancio, moretones, dolor en la parte superior derecha del abdomen, coloración amarillenta de los ojos y la piel, o malestares como si tuviera una gripe.
Ten mucho cuidado con la administración del acetaminofén o de cualquier otro medicamento que le des a tu hijo, y en especial, si debe tomar varios a la vez. Si tienes dudas, llama al pediatra o consulta con el farmacéutico.  Y recuerda de mantener los medicamentos de cualquier tipo fuera del alcance de los niños para evitar accidentes. Prevenir es siempre mejor que tener que lamentar.

Tomado de Vida y Salud

domingo, 31 de julio de 2011

¡De última hora! Precauciones que debes tomar ante una ola de calor


Una ola de calor, algunos dirían que de fuego, se extiende este verano por todos los Estados Unidos y sin la menor intención de marcharse o disminuir su intensidad. Las altas temperaturas, de hasta 105 grados Fahrenheit (40.5 grados centígrados), no sólo acarrean molestias a los ciudadanos, trastornos en industrias como la de la ganadería y a la agricultura, sino que ya han cobrado incluso muchas vidas (39 hasta el 13 de julio). Como se espera que la ola de calor afecte al menos a 150 millones de personas durante todo este verano, tanto la Cruz Roja Americana como la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA por sus siglas en inglés), recomiendan tomar ciertas medidas para combatir el calor y proteger el bienestar de toda la población, especialmente los más vulnerables: los niños y los ancianos. Infórmate tú y corre la voz entre tus vecinos, familiares y amigos.
¿Qué puedes hacer para protegerte a ti y a tu familia durante una ola de calor?
  • En ningún momento, y ni por un segundo, dejes a los niños o a las mascotas en un automóvil que está parado. Las temperaturas suben increíblemente a cada minuto en un automóvil cerrado, peor aún durante una ola de calor. No lo tomes a juego, puede costarles la vida.
  • Mantente bien hidratado(a) bebiendo agua o cualquier otro tipo de líquido aún cuando no sientas sed. Evita consumir alcohol o café porque aumentan la deshidratación.
  • No comas en grandes cantidades. Elige comer pequeñas cantidades con más frecuencia.
  • Evita los cambios extremos y repentinos de temperatura (pasar de repente de mucho calor afuera, a un aire acondicionado muy frío)
  • Usa ropa ligera de colores claros, preferiblemente de algodón. Evita por el momento la ropa de color oscuro porque absorbe los rayos solares y por lo tanto, el calor.
  • Disminuye la intensidad de tus actividades, y evita hacer ejercicios demasiado intensos en las horas más calurosas del día.
  • No salgas a la intemperie a menos que realmente necesites hacerlo y evita permanecer al sol. Trata de permanecer bajo techo. Si tu vivienda no tiene aire acondicionado, trasládate al piso de abajo que será el más fresco. Planea pasar el mayor tiempo que puedas en un lugar público que lo tenga, como las bibliotecas, o los centros comerciales.
  • Retrasa los juegos y las actividades al aire libre hasta que bajen las temperaturas.
  • Si necesitas trabajar al aire libre, toma la mayor cantidad de recesos posible y bebe mucha agua. Usa protector solar y cubre bien tu cabeza con un sombrero o gorra.
  • Mantente al tanto de familiares, amigos y vecinos que no tengan aire acondicionado en sus viviendas, que viven solos o que puedan ser afectados por la ola de calor (en especial, los de edad avanzada).
  • Procura que las mascotas tengan agua fresca disponible en todo momento. Si puedes traerlas dentro de casa, hazlo.
  • Mantente informado. Escucha los reportes sobre el estado del tiempo para que estés al tanto de las temperaturas máximas que se esperan para tu ciudad día a día.

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martes, 28 de junio de 2011

¿Qué señales o síntomas indican que debes buscar atención médica para tu bebé?


Todos esperamos que nuestros hijos no se enfermen, pero a menudo la enfermedad es difícil de evitar. No tienes que preocuparte por una gripe común o gripe estomacal leve, pero asegúrate que tu niño tome suficientes líquidos y descanse. Es importante prestar atención a los cambios en el comportamiento de tu bebé o en su aspecto con el fin de detectar una enfermedad más severa.
Comunícate con su médico si tu hijo:
  • Tiene fiebre de:
    • 100,4° F (38° C) o más (para los bebés de dos meses y menores). Llama a su médico, incluso si tu bebé se ve bien.
    • 101° F (38,3° C) o más (para los bebés de tres meses de edad hasta los 6 meses de edad). Llama a su médico, incluso si tu bebé se ve bien.
    • 102° F (38,8° C) a 102,9° F (39,4° C) (para los bebés de seis meses o más). Observa su comportamiento. Llama a su médico si la fiebre aumenta o persiste por más de dos días.
    • 103° F (39,4°C) o más (para los bebés de seis meses o más). Llama a su médico, incluso si tu bebé no parece estar enfermo.
  • Llora más o si el patrón normal de su llanto cambia cuando lo levantas.
  • Tiene vómitos o diarrea constante.
  • Tiene dificultad para respirar. Hace un ruido sibilante o chillón al respirar. En los recién nacidos, este sonido acompañado de retracciones notables en el pecho o un color azul pálido en la piel son razones para buscar atención médica inmediata.
  • Tiene una o más convulsiones.
  • No responde (está inconsciente) o demuestra flaccidez o debilidad.
Antes de llamar al médico, asegúrate de hacer una lista de lo siguiente para ayudarlo a diagnosticar correctamente a tu hijo:
  • Los síntomas de tu bebé.
  • Su historial médico.
  • Cualquier cambio en la cantidad de comida que tu bebé haya consumido.
  • Su temperatura actual y si ha tenido fiebre.
  • Los medicamentos (recetados, de venta libre, remedios caseros o naturales) que le hayas dado a tu bebé en las últimas 24-48 horas.
Es importante que mantenga la calma cuando tu bebé no se siente bien. Recuerda que el estar enfermo ya es una situación estresante para tu angelito. Ten en cuenta que no siempre hay una solución rápida y fácil para aliviarlo. Recomendamos que llames a su pediatra primero, ya que está familiarizado con tu bebé y con su historia médica. Pero si no te puedes comunicar con su médico y empeoran los síntomas de tu bebé, llévalo a la sala de emergencias (urgencias) más cercana.

Tomado de Vida y Salud