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miércoles, 14 de marzo de 2012

¿En dónde se esconden los gérmenes? ¡Declárales la guerra!

Los gérmenes son los responsables de muchas enfermedades que pueden afectar a los niños y a los adultos. Para combatirlos, sólo basta con mantener una buena higiene y tener ciertos cuidados extra en esos lugares en los que suelen habitar ¡y en los que se instalan cómodamente! estos diminutos invasores. Aquí te contamos cuáles son esos espacios del hogar que más tocan las manitas de tus hijos y en los que tienen más riesgo de contagio.

¿Te imaginas la meseta (mesada) de tu cocina cubierta de hormigas negras, tantas que apenas se ve el color debajo de ellas? Pues algo similar puede estar ocurriendo pero con seres tan diminutos que tus ojos no pueden verlos: los gérmenes, que no pican como las hormigas, pero que desde luego son muchísimo peores, ya que pueden transmitir enfermedades que a veces, llegan a ser mortales.

Existen cuatro tipos de gérmenes diferentes: los virus, las bacterias, los hongos y los parásitos. Los virus y las bacterias son responsables de muchas enfermedades e infecciones, como la gripe (la influenza) y algunos tipos de gastroenteritis infecciosas que causan diarreas, náuseas, vómitos y fiebre, entre muchas otras.

Los hongos y los parásitos, en cambio, pueden provocar infecciones. El pie de atleta y la infección por cándida como la dermatitis del pañal, son unas de las más comunes causadas por hongos, mientras que los parásitos pueden generar infecciones intestinales y otras enfermedades que frecuentemente se contagian a través del agua y los alimentos contaminados.

Ahora bien, como decíamos antes, los gérmenes pueden instalarse hasta en los lugares menos pensados. La agarradera del cepillo de dientes, por ejemplo, es uno de los principales. Para higienizarla correctamente, lávala al menos una vez por semana con agua bien caliente (si puedes, métela en el lavaplatos o lavavajillas) y luego pásale un paño desinfectante.

Otros objetos domésticos que se llevan unos de los primeros lugares son los paños de la cocina (o repasadores), ya que acumulan todo tipo de gérmenes que pasan de una superficie a la otra cuando secas los platos y la vajilla, la meseta (mesada), las manos y, por supuesto, los alimentos. ¡Qué asco!

En la cocina, el refrigerador es otro lugar muy codiciado por estos microorganismos. ¡Sí, el refrigerador! Allí es muy común que se derramen líquidos y alimentos que pueden echarse a perder y pueden contaminar el resto de los productos. Si no conservas la comida como debe de ser y no mantienes limpio el refrigerador, éste puede convertirse en un foco de infección para los niños que suelen abrirlo constantemente para tomar alimentos y bebidas. Recuerda que debes de limpiar la goma o el hule que sirve de aislante para las puertas, ya suele llenarse de moho. Pásale un paño limpio humedecido en una solución de agua y cloro.

Por supuesto, el piso de la cocina también es un lugar ideal para los gérmenes, allí se encuentran los restos de la comida que se haya caído, la tierra y la mugre de los zapatos de las personas y las patitas de las mascotas, el polvo que se haya acumulado y quién sabe qué más. Eso es más que cierto, sin embargo, no es el único piso de la casa que puede estar sucio, las alfombras y los pisos de madera de otras habitaciones y las escaleras también suelen estar llenos de polvo, que pueden provocar, entre otras cosas, alergias y ataques de asma.

Los niños también suelen jugar en el patio, que también puede ser un lugar de riesgo, en especial si hay desechos de animales. Las mascotas son muy cariñosas y una gran compañía para los niños, pero también pueden transmitirles enfermedades (a los adultos también), por eso debes tener cuidado de lavarte las manos luego de jugar con ellas o de tocar sus juguetes u sus objetos y no dejar que te den besos. Ten mucho cuidado de lavarte las manos especialmente después de limpiar las deposiciones de aves, o después de vaciar la caja de arena del gatito. Lo ideal es que te pongas guantes desechables para la tarea y que uses un desinfectante para el área, especialmente si hay niños en casa.

Si mantienes una buena higiene en el hogar puedes prevenir y evitar la aparición de enfermedades innecesarias. Recuerda que es importante no sólo limpiar, sino desinfectar las superficies que pueden tener gérmenes y no dejes recipientes con agua estancada.

Además, es importante la higiene del cuerpo mismo. Está comprobado que lavarse bien las manos con agua y jabón puede salvar vidas. Recuerda lavarte las manos (y las de tus niños) no sólo antes de las comidas sino cada vez que hayas estado en contacto con las superficies que pueden tener gérmenes, tanto en el hogar como en los lugares públicos y en el colegio.

Lavarse las manos es algo fácil de hacer, pero no es cuestión de mojarse un poco con agua y nada más, ya que se necesita jabón y frotarse bien para eliminar cualquier impureza. Además, recuerda quitarte los anillos y las joyas antes de lavarte las manos. Para hacerlo correctamente, moja las manos con agua corriente y enjabónalas (no al revés), frótate hasta formar espuma y restriégate bien (de ambos lados, entre los dedos y debajo de las uñas) durante al menos 20 segundos (una buena referencia para calcular este tiempo es cantar la canción “Feliz cumpleaños” (“Happy Birthday”) dos veces). Luego enjuágate con agua corriente y sécate con una toalla de papel o con un secador de aire para evitar que queden húmedas.

Si no hay agua o jabón para higienizarse las manos, una buena alternativa es utilizar un limpiador que contenga como mínimo un 60% de alcohol. Estos productos no eliminan todos los micro-organismos pero ayudan a reducir una gran cantidad de gérmenes que hay en las manos y, de ese modo, disminuyen las posibilidades de quedar expuesto a infecciones o enfermedades.

Ahora que sabes lo importante que es lavarse bien las manos, no dejes de hacerlo cada vez que sea necesario y recuerda compartir este dato no sólo con los niños sino también con tus amigos, y con tus seres queridos: ¡puedes salvar vidas!

Tomado de Vida y Salud

martes, 20 de septiembre de 2011

Si no fuera por las vacunas…

La calidad de la vida y el nivel de salud que disfrutamos hoy se deben en parte a la existencia de las vacunas. Gracias a ellas, se han erradicado en gran parte del mundo enfermedades tan terribles como la viruela y la polio. También se han controlado otras como la varicela, el sarampión y la tosferina. Y cada día se realizan más esfuerzos para encontrar la vacuna contra un virus tan terrible como el VIH. ¿Cuánto sabes sobre las vacunas? Aquí te invitamos a explorar sus ventajas para que en lugar de considerarlas un procedimiento de rutina a seguir al poco tiempo de nacer un bebé o cuando el niño empieza a asistir al colegio, las aprecies como lo que en realidad son: una de las armas más potentes y efectivas en la lucha contra las enfermedades infecciosas.

Con seguridad las personas de más edad en tu familia o en la comunidad podrán darte testimonio de las consecuencias e incluso las muertes causadas por enfermedades como la viruela, la fiebre tifoidea o la poliomielitis, que hoy día se han erradicado o controlado exitosamente mediante las vacunas. Recientemente todos hemos vivido la amenaza de la epidemia de la gripe aviar y la de la influenza A H1N1. Y después de ver la película titulada “Contagion” (Contagio) nuevamente reafirmé lo afortunados que somos de tener la ciencia para la creación de las vacunas.

Esta película es una aventura muy interesante con un elenco de estrellas maravilloso como Matt Damon, Gwyneth Paltrow, y muchos otros, en la que las personas en todo el planeta empiezan a contagiarse rápidamente con un virus mortal. La situación se agrava ya que los médicos y las autoridades sanitarias no cuentan con un tratamiento para matar al virus ni con una vacuna para prevenir que se disemine, pero no te quiero estropear el final, vale la pena ver la película, te la recomiendo. Muchas escenas de la película me hicieron recordar que la realidad ha superado a la ficción infinidad de veces ya que desde que el mundo es mundo, el ser humano ha sufrido plagas, epidemias y brotes infecciosos sin tener los recursos para contenerlos.

La primera vacuna

El panorama de las epidemias ha cambiado drásticamente desde hace relativamente poco, en menos de 200 años. Y voy a contarte ahora una historia interesante para que sepas cómo comenzó todo. La que se considera la primera vacuna de la historia moderna se aplicó en 1796, en un intento por combatir la viruela y se debe al médico rural inglés Edward Jenner. 

En la comunidad en la que Jenner vivía y trabajaba, las vacas sufrían de una enfermedad conocida como vaccina o viruela de las vacas. Las lecheras que ordeñaban las vacas a veces se contagiaban con ese tipo de viruela vacuna, pero después de recuperarse de esa enfermedad raramente contraían la viruela que afecta a los humanos. Esto animó a Jenner a realizar un experimento: al enfermarse una de estas lecheras con la viruela vacuna, Jenner tomó un poco de pus de una de las lesiones de la mujer y se lo inoculó a un niño sano. El niño sufrió algunas molestias, pero no se enfermó. Cuando más tarde le inoculó el virus de la viruela humana, el niño tampoco se enfermó: ahora era inmune a la enfermedad que era el terror de su época.

Unos 183 años más tarde, en diciembre de 1979, la OMS (Organización Mundial de la Salud), anunció, después de intensas campañas de vacunación en todo el mundo, la erradicación de la viruela, una enfermedad que solamente en el siglo 20 ocasionó entre 300 y 500 millones de muertes. Sin duda, un final feliz, gracias a nuestra amiga la vacuna.

Qué es una vacuna y cómo funciona

La vacuna es una sustancia biológicamente activa...

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martes, 13 de septiembre de 2011

Ante una crisis tu mejor arma es la información. ¡Que no te hagan cuentos!

Hay que reconocer que el brote de enfermedades infecciosas, las epidemias, las crisis de salud producidas por desastres naturales o por contaminación de alimentos son parte de la vida diaria. Vivimos, después de todo, en un mundo globalizado en el que las bacterias y los virus se propagan fácilmente no ya de una persona a otra, ¡hasta saltan de un continente a otro! Pero con más rapidez que los virus se propagan el pánico y la desinformación. Ante cualquier tipo de crisis, tu mejor arma es obtener la información adecuada para protegerte a ti y a tu familia.

Epidemias de gripe, muertes por e-coli, carne de pavo contaminada, peligro de contaminación del agua por inundaciones y otros desastres naturales, todo eso nos ha afectado en los últimos meses. Aunque el riesgo y el peligro son reales – y no les estamos restando importancia – hay algo todavía más peligroso. Como muestra la película “Contagion” (Contagio) que tuve la oportunidad de ver recientemente, la desinformación puede aumentar el pánico en la población y causar más daños innecesarios en medio de una crisis. Para que puedas tomar el control de una situación similar, voy a darte algunas recomendaciones.

Busca la información correcta

Vivimos en la era de las comunicaciones y de la información. Aprovéchalas en tu beneficio y no dejes que te abrumen. En épocas de crisis como las que citábamos anteriormente, seguramente te lloverán llamadas, mensajes por correo electrónico, mensajes de texto, por twitter, facebook o cualquier otra red social, avisándote de esto o aquello, noticias alarmistas y hasta algún que otro malintencionado anuncio intentando venderte algún producto aprovechándose de la situación. Bueno, dirás, ¿qué debo hacer entonces?

Lo primero: mantener la calma. La angustia y el miedo son malos consejeros. Aunque resulte difícil hacerlo no te dejes arrastrar por el pánico. Tu bienestar y el de tu familia dependen de una actitud inteligente y calmada.

Evalúa la fuente que te ha dado el mensaje de alarma: incluso personas bien intencionadas pueden darte información incorrecta, sembrando el miedo y el desenfreno. Tus fuentes ideales de información son los medios de información responsables: periódicos, canales de televisión, estaciones radiales que emitan los avisos oficiales a la población proveniente de las autoridades a cargo de la salud y la seguridad públicas.

Desconfía de ofertas “irresistibles”: en momentos de crisis, surgirán todo tipo de charlatanes que tratarán de aprovecharse de la angustia y la desesperación de la gente. No adquieras ningún producto por impulso, mucho menos si viene acompañado de promesas “milagrosas”. 

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domingo, 14 de agosto de 2011

Asma


El asma es una enfermedad pulmonar crónica (a largo plazo) que causa dificultades para respirar y silbidos en el pecho cuando los vías aéreas (respiratorias) se estrechan y se inflaman. La enfermedad varía de ligera a severa. Algunas personas tienen síntomas leves sólo ocasionalmente, mientras que otras tienen síntomas casi constantes con brotes severos que ponen en peligro su vida.
Durante un ataque de asma, las vías respiratorias se inflaman y se estrechan a medida que los músculos que las rodean las oprimen. El paso de aire se bloquea parcial o completamente porque la mucosidad producida por la inflamación satura las vías respiratorias ahora más estrechas. El asma afecta tanto a las vías respiratorias más grandes del pulmón, llamadas bronquios, como a las vías respiratorias más pequeñas, llamadas bronquiolos. El tratamiento consiste en prevenir o detener la inflamación y en relajar los músculos que recubren las vías respiratorias.
No se conoce a ciencia cierta qué causa la inflamación relacionada con el asma, pero se han identificado varios “desencadenantes” en el ambiente. Por ejemplo, los alérgenos, que son sustancias que hacen que el sistema inmunológico reaccione de forma exagerada en algunas personas la pueden desencadenar. Los alérgenos comunes incluyen la caspa y la saliva de los animales, el polen, el moho, los ácaros del polvo, las cucarachas, algunos medicamentos y ciertos alimentos. En los primeros lugares de la lista de desencadenantes del asma también figuran las infecciones virales, como los resfriados y la influenza (el flu), el ejercicio, respirar aire frío y seco, los contaminantes del medio ambiente, como el humo del cigarrillo, el humo de la madera, los vapores de la pintura y de los químicos, los olores fuertes y el estrés emocional. En algunas personas con asma severa, no es posible identificar desencadenantes específicos.
Aunque el asma puede desarrollarse a temprana edad, a menudo antes de los 5 años, sus síntomas pueden comenzar a cualquier edad. La condición tiene un componente genético (heredado) y frecuentemente ataca a personas con antecedentes familiares de alergias. La American Lung Association (Asociación Americana del Pulmón) calcula que 2.5 millones de personas en los Estados Unidos serán diagnosticadas con asma a lo largo de sus vidas. Un tercio de los estadounidenses con síntomas de asma son niños.
Síntomas
Los síntomas del asma incluyen:
  • silbido en el pecho (cuando el aire se expulsa con fuerza)
  • dificultad para respirar
  • opresión en el pecho
  • tos persistente
Para algunas personas con asma, el principal problema es la tos crónica. Para algunas perosnas los síntomas sólo aparecen sólo durante o después del ejercicio. Entre los ataques de asma o brotes de asma, las personas con asma leve o moderado pueden no tener síntomas. Quienes padecen de asma tienden a tener síntomas más severos cuando desarrollan una infección de las vías respiratorias altas, como un resfriado, (gripe) o el flu (influenza).
Además de mucha falta de aire y excesiva opresión en el pecho, los síntomas de un ataque severo de asma pueden incluir:

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