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viernes, 7 de septiembre de 2012

Recomiendan la prueba de la hepatitis C a todos los nacidos antes de 1965

¿Has nacido entre 1946 y 1964 y todavía no te has hecho una prueba de la hepatitis C? Pues no esperes más y sigue las recomendaciones del CDC, para evitar complicaciones mayores que hasta pueden costarte la vida.

Los Centros de Detección y Control de enfermedades (CDC) de Estados Unidos han emitido una nueva recomendación para todos los denominados “baby boomers”, que son todas las personas nacidas durante el “boom” de natalidad después de la Segunda Guerra Mundial (entre los años 1946 y 1964).

De acuerdo con los CDC, es importante que todas estas personas se hagan la prueba de la hepatitis C para eliminar esta epidemia que usualmente no causa síntomas, pero puede dañar al hígado y provocar cáncer y hasta la muerte. ¿Sabías que la hepatitis C es la causa principal de trasplantes de hígado en Estados Unidos?

El virus de la hepatitis C fue identificado en los 90 y las pruebas de sangre que lo detectan, que comenzaron en 1992, han ayudado a eliminar la infección casi por completo. De todos modos, se estima que todavía hoy hay más de tres millones de personas en Estados Unidos que están infectadas con este virus.

Entre ellas, las tres cuartas partes (es decir más de 2 millones de personas) corresponden a los denominados baby boomers, muchos de los cuales adquirieron la enfermedad a través de transfusiones de sangre.

Actualmente, la principal vía de contagio es compartir agujas infectadas para el uso de drogas, aunque el virus de la hepatitis C puede trasmitirse a través del contacto con sangre infectada en general, lo que incluye:
  • tener relaciones sexuales sin protección (aunque esto es poco común) 
  • con un tatuaje infectado o mediante el equipo usado para hacer perforaciones en el cuerpo (body piercing) 
  • a través de transfusiones de sangre realizadas antes de 1992 (como es el caso de los baby boomers) 
  • pincharse accidentalmente con una aguja infectada (por ejemplo, un trabajador de la salud) 
  • a través de las diálisis renales 
  • de la madre al bebé, durante el nacimiento 
El problema con la hepatitis C es que en general no da síntomas, por eso hay muchas personas infectadas que no saben que son portadoras de esta enfermedad. Y si bien entre el 15 al 25% de las personas infectadas puede eliminar el virus del organismo sin tratamiento, lo cierto es que entre un 75 y un 85% de las personas que contraen el virus, desarrollan una enfermedad crónica, es decir, de por vida.

Cuando la hepatitis C se vuelve crónica permanece en el cuerpo de la persona y, con el paso del tiempo, puede provocar problemas graves del hígado, como cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer del hígado.

Por eso es importante que sepas prevenir la hepatitis C y, si estás en el grupo de riesgo, que no dejes de hacerte el control de sangre que puede detectar el virus, aún cuando no tengas ningún síntoma.

¿Sabes quienes están en riesgo de estar infectado con el virus de la hepatitis C, además de las personas que han nacido entre 1946 y 1964? Entre ellas están:
  • Quienes usan drogas inyectadas o se han inyectado drogas en el pasado. 
  • Las personas infectadas con el VIH. 
  • Quienes tienen alguna enfermedad del hígado. 
  • Las personas que hayan recibido una donación de sangre o de un órgano antes de 1992. 
  • Quienes hayan estado expuestos a sangre contaminada con el virus de la hepatitis C en su trabajo, ya sea con un pinchazo o por algún corte con un objeto afilado. 
  • Las personas que están recibiendo diálisis, las que tienen el hígado graso, diabetes y/o tienen el colesterol elevado. 
¿Ya sabes si debes hacerte la prueba de la hepatitis C? Recuerda que para reducir el riesgo de transmisión (contagio), no debes compartir agujas ni equipos para la inyección de sustancias cosméticas, drogas o esteroides.

Tampoco utilices artículos personales que hayan estado en contacto con la sangre de una persona infectada, como navajas de afeitar, cortaúñas, cepillos de dientes o monitores de glucosa, y no te hagas tatuajes ni perforaciones corporales en establecimientos que no estén autorizados o por personas que no estén calificadas.

Además, parte de la prevención y la evaluación incluye hacerse una prueba de sangre de rutina, para analizar las enzimas hepáticas (es decir del hígado). ¡Anímate, que cuidarse es la mejor manera de quererse!

Tomado de Vida y Salud

lunes, 6 de junio de 2011

Cómo cuidar la salud de los adolescentes: de los 13 a los 18 años


La adolescencia es una etapa de grandes cambios y de emociones fuertes en la vida de todas las personas. En ese proceso que dura varios años, tus hijos/as no sólo notarán que su cuerpo cambia sino también sus ideas y lo que sienten. Esto puede causarles confusión. Aquí te contamos cómo acompañar a tus hijos/as de los 13 a los 18 años y cuidar su salud, tanto física como emocionalmente.
Si tu hijo o hija está cerca de los 10 años es hora de que empieces a pensar que ya puede estar dejando la niñez, quizá pronto dejarás de llevarlo al pediatra y cuando menos te des cuenta su cuerpo habrá cambiado, así como su forma de pensar. No existe un momento especial en el cual comiencen a ocurrir estos cambios que conducen a la adolescencia. Algunos niños empiezan antes y otros después. Lo importante es que tengas presente que a veces los cambios físicos suceden después de los emocionales.
Todo esto puede generar confusión y cambios en los estados de ánimo en los adolescentes. Su cuerpo comienza  a ser diferente, algunos desarrollan acné, aparece la menstruación y los senos en las mujeres, los varones cambian su voz y comienzan a tener más vello en la cara. Al mismo tiempo, empiezan a percibir que sus amigos o la gente de su edad los mira de manera diferente, comienzan a buscar modelos con quien quisieran identificarse y sobre todo, intentan ser aceptados por su grupo de referencia.
Esto hace que muchas veces los adolescentes se distancien de sus padres, no estén de acuerdo con sus puntos de vista y los contradigan. Esto es parte normal de este proceso, así que no  dejes que la situación te desconcierte. Y si temes por el bienestar de tus hijos/as ante los riesgos del mundo actual, lo mejor es que procures tener una buena comunicación. Trata de mantener siempre un diálogo abierto y de conocer qué cosas están sintiendo, qué temores tienen y qué sensaciones les provocan todos los cambios por los que están pasando.
Recuerda cuando tú estabas en la adolescencia, qué cosas te molestaban o te avergonzaban y comparte esos recuerdos con tus hijos/as, los tranquilizará saber que sus propios padres también han atravesado (y superado) situaciones similares.
No te avergüences de hablar con ellos sobre ciertos temas como la sexualidad y las drogas. La mejor forma de cuidar a tus hijos, de prevenir problemas y de ayudarlos es que ellos tengan la información correcta y conozcan los peligros. Por eso, lo ideal es que te adelantes y hables de estos temas antes de que se presenten. Si le cuentas a tu hija sobre la menstruación luego de su primer período, has llegado tarde. Lo mismo si recuerdas mencionar lo nocivo que puede ser el tabaco luego de haber encontrado la cajetilla de cigarrillos en el bolsillo de su pantalón.
Del mismo modo, trata de informarte acerca de las cosas que pueden ocurrir y de las que te preocupan y procura conversar con tus hijos/as al respecto y de establecer límites relevantes. Tal vez no quieras que tus hijos/as se tiñan el pelo y mucho menos que se hagan tatuajes o perforaciones, pero debes tener en cuenta que ellos/as están experimentando, buscando su propio estilo y también desean sorprenderte, así es que evalúa la importancia de las cosas antes de decir que no. Así, por ejemplo, teñirse puede resultar inofensivo ya que el pelo volverá a crecer y a tener su color natural pero no es tan sencillo eliminar un tatuaje. Este dura toda la vida y además puede causar infecciones y tiene otros riesgos para su salud.
Si tus hijos/as están sanos, durante esta etapa de la adolescencia -que podría dividirse en tres períodos- deberías llevarlos a hacerse chequeos médicos de rutina mínimo una vez  cada período: entre los 11 y los 14 (adolescencia temprana), entre los 15 y los 17 (adolescencia intermedia) y entre los 18 y los 22 años (adolescencia tardía).
Estas visitas te ayudarán a detectar cambios importantes, tanto físicos como emocionales y a enfrentar varios temas que pueden resultar difíciles de conversar entre padres e hijos. Por ejemplo, un profesional puede ayudar a despejar dudas sobre el desarrollo normal del cuerpo del adolescente o a detectar si existen riesgos de problemas de adicciones, trastornos de la alimentación o problemas físicos en general. Entre otras cosas, chequeará: la presión arterial, el peso, el nivel del colesterol en la sangre y el estado de la visión, la audición, la boca y los dientes.
Si es necesario, el médico podrá sugerir que lo lleves a uno o varios especialistas: al dentista para revisar el crecimiento de los dientes o la forma de morder, o si tiene caries; al dermatólogo si el acné es muy severo o al ginecólogo en el caso de las chicas, si tiene dolores menstruales muy intensos.
Mientras tanto, tú deberás ir encontrando nuevas formas de comunicarte con tus hijos/as adolescentes, conocerlos y descubrir su forma de ser y pensar. En esta etapa, pueden llamarte la atención muchas actitudes que posiblemente sean parte normal de esta transición. Ten paciencia y comprensión, pero presta atención a algunas cosas que sí pueden ser señales de alarma. Por ejemplo, debes buscar ayuda profesional si notas los siguientes signos o síntomas en tu hijo/a:
  • Aumento o pérdida extrema de peso
  • Problemas de insomnio o que duerme demasiado
  • Cambios rápidos y drásticos en su personalidad
  • Cambio repentino de amigos
  • Ausencia al colegio de manera frecuente o disminución en el rendimiento escolar
  • Referencias al suicidio (aunque sea en broma)
  • Indicios de que fuma, bebe alcohol o consume drogas
  • Problemas con la ley
  • Cualquier otro comportamiento que no es apropiado que dure más de 6 semanas.
Sé paciente y no te rindas aunque a veces te sientas abrumado por las situaciones que se presentan. Ten en cuenta que la adolescencia terminará. Mientras tanto, recuérdales a tus hijos que los(as) apoyas en este proceso y que juntos podrán atravesar este periodo de cambios y contradicciones. Cuando menos te des cuenta, ya serán personas adultas, responsables, comunicativas y además, si han contado con tu apoyo emocional y han visitado al médico con regularidad, serán adultos sanos.
Tomado de Vida y Salud

domingo, 6 de febrero de 2011

¿Cómo deshacerte de un tatuaje que ya no te gusta?

Los tatuajes son para toda la vida pero muchas veces nuestras ideas no son las mismas a lo largo de ella, somos seres en continuo cambio y movimiento. Entonces, ¿qué se puede hacer si en algún momento queremos borrar ese tatuaje que antes nos resultaba tan bonito?

Si llegó el momento en que te acuerdas de todos los que te advirtieron que te arrepentirías de este vistoso tatuaje que ya no quieres lucir más, el lamentarse no cambiará las cosas, así que en vez de preocuparte es hora de que te pongas manos a la obra para buscar información clara y confiable. Pero…¿será posible borrar todo tipo de tatuaje?

Lamentablemente, no se pueden remover totalmente todos los tatuajes y por eso, son muy pocos los cirujanos que garantizan que te los quitarán por completo. Sin embargo, existen algunos métodos que son más efectivos que otros y existen algunas alternativas que a lo mejor te ayudan a que puedas quitarte ese tatuaje que ya no quieres.

La posibilidad de que un tatuaje quitarse depende de varios factores y la permanencia de los colores o las manchas una vez que te lo quiten varía según el tamaño del tatuaje, la ubicación, la capacidad de sanar de cada persona, de cómo haya sido aplicado el tatuaje (con qué método y con qué tipo de tinta) y de cuánto tiempo lo hayas tenido. Por ejemplo, los tatuajes más recientes son más difíciles de quitar que los antiguos.

Existen varios métodos para quitarte un tatuaje, pero el más utilizado en la actualidad (que además es el menos doloroso e invasivo) es el que utiliza láser para lograrlo. En este caso, se utilizan haces de luz que penetran la piel y se dirigen hacia los pigmentos (la tinta) específicos del dibujo. Luego, esos pigmentos son eliminados por tu propio sistema de defensa.

Este método funciona bien con tatuajes en negro y azul, pero otros colores pueden resultar más complicados de quitar, los más resistentes son el verde y el amarillo.

La eliminación de tatuajes con láser suele requerir una serie de visitas al especialista. Y si bien las sesiones duran sólo minutos, puede resultar incómodo y la sensación puede ser muy similar a la de hacerse un tatuaje. Incluso, el proceso completo puede llevar varios meses.

Asimismo, al igual que cuando te haces un tatuaje, deberás cuidar la zona afectada, mantenerla limpia pero sin frotar. Además, la zona afectada puede enrojecerse durante unos cuantos días y se puede formar una costra.

Este método en general es efectivo pero pueden presentarse otros inconvenientes. Por ejemplo, que la zona donde tenías el tatuaje se vuelva más oscura que el resto de tu piel o, por el contrario, que se vuelva más clara que el resto de tu piel. También se puede infectar o te pueden quedar cicatrices.

Como si esto fuera poco, este tipo de operación suele ser muy costosa, dependiendo de cómo sea el tatuaje.

Antes de que existiera la cirugía laser se utilizaban otros métodos más riesgosos y dolorosos, que aún se siguen utilizando, en ciertas ocasiones, actualmente. Entre ellos:

  • Dermabrasión: un procedimiento mediante el cual se “lija” o se raspa la piel para quitar las capas superiores y, de ese modo, se elimina el dibujo.
  • Criocirugía: con este método primero se congela la zona afectada y luego se quita la piel donde está dibujado el tatuaje.
  • Extirpación: se trata de una cirugía dermatológica (de la piel) mediante la cual se remueve el tatuaje con un bisturí (un corte) y luego se cierra la herida con puntos.

Como verás, no es sencillo quitarse un tatuaje.

Sea por el motivo que sea, si ya no quieres tener ese tatuaje pero tienes dudas acerca de si quisieras someterte a alguna de estas técnicas o no, existe otra alternativa que es: tapar el tatuaje que tienes con otro. Claro que esto no elimina el tatuaje pero sí puede ayudarte a cambiar tu imagen y adaptarlo a tu forma de ser actual.

Carlos fue uno de ellos, hace 10 años se había tatuado junto a su prometida con quien al poco tiempo se casó y tuvo dos hijos. Hace unos meses, tras el fracaso de su matrimonio decidió que debía remover esa imagen tribal que lucía en su hombro como símbolo del amor y el compromiso que alguna vez habían sentido con la mamá de sus hijos.

Luego de evaluar varias alternativas decidió diseñar su nuevo tatuaje que no dejara rastros del anterior. Hoy, en cambio, luce un gran guerrero, símbolo de su fortaleza y de que hay que seguir adelante a pesar del dolor y los conflictos.

Si estás pensando en eliminar ese tatuaje que ya no te gusta, consulta con uno o más dermatólogos o cirujanos plásticos, prepara una lista de preguntas y no dejes de consultar todas tus dudas.

Ten en cuenta que algunos talleres para tatuajes también ofrecen eliminarlos, pero es mejor asegurarte de que la persona que lo quite sea un médico. Así disminuyes los riesgos de complicaciones.


Tomado de Vida y Salud