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jueves, 31 de mayo de 2012

¿Tu hijo duerme lo suficiente? Una guía del sueño indicado para cada edad

El buen descanso es esencial para que los niños se desarrollen fuertes y sanos. ¿Cuántas horas deben dormir para lograrlo? ¿Es natural que duerman mucho? He aquí una guía para que puedas ayudar a tus hijos a descansar lo que necesitan… y que todos duerman tranquilos.

Algunas de las preocupaciones que desvelan a los padres, sobre todo a los primerizos, giran en torno a las horas de sueño de los niños. Si ese es tu caso, es posible que te preguntes cosas como: ¿Cuántas horas deben dormir? ¿Es saludable que compartan la cama con papá y mamá? ¿Deben dormir de corrido? o ¿Cuánto deben durar las siestas?

Todas estas preguntas son naturales, y no es para menos, pues el buen dormir ayuda a que los niños crezcan sanos y fuertes. Lo primero que debes saber es que las necesidades del sueño van cambiando a medida que pasa el tiempo. Durante los primeros meses de vida, por ejemplo, los bebes duermen casi todo el día y se despiertan cada tres o cuatro horas para alimentarse. Así, aunque parezca mucho, los bebes de hasta seis meses necesitan dormir entre 16 y 20 horas para recuperar las energías y aprender a defenderse fuera del vientre materno.

Poco a poco, los horarios se van ordenando hasta que el niño logra dormir de corrido por la noche. Incluso, cuando llegue a los tres años de edad, es probable que duerma de 10 a 13 horas por noche, y eso es normal, no hay porqué preocuparse.

La rutina del sueño seguirá cambiando a medida que tu hijo vaya creciendo. Ten en cuenta que, en general, los niños necesitan dormir más horas que los adultos. Y si bien en cada etapa del crecimiento las necesidades del sueño son diferentes, lo importante es que desde pequeños aprendan a tener una rutina saludable para dormir y descansar bien, ya que cada persona es diferente y las costumbres pueden variar de una a otra.

En general, se considera que los niños de 3 a 5 años de edad necesitan dormir de 10 a 12 horas por noche, con un periodo de siesta durante el día. Alrededor de los cinco años de edad, los niños suelen abandonar las siestas. Entonces es posible que debas adelantarles el horario para ir acostarse por las noches.

Durante esta etapa, también podría suceder que el niño duerma lo suficiente por la noche y no necesite tomar siesta durante el día. En esos casos, puedes reemplazarla por un período de tranquilidad y reposo. Por eso, en la mayoría de las guarderías y de los jardines de niños hay momentos de tranquilidad en los que los niños se acuestan en colchonetas o descansan de algún modo.

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sábado, 10 de septiembre de 2011

Hijos en la cama de los padres, ¿sí o no?


“¿Lo dejamos o no lo dejamos?” Esta es la pregunta que muchas veces se hacen los padres ante los reclamos de sus niños que, ya sea por miedo o porque prefieren estar en compañía, quieren a sus padres cerca a la hora de dormir. Con respecto a este tema hay opiniones a favor y en contra. Si como padres temen que compartir la cama con sus hijos afecte su desarrollo, un nuevo estudio ha demostrado que hacerlo después del primer año de vida no presenta riesgos. Sigue leyendo y luego cuéntanos: ¿lo han dejado compartir la cama con ustedes o no?

A muchas mamás les encantaría dormir toda la noche con sus bebés sobre el pecho, pero los especialistas no lo recomiendan. La Academia Americana de Pediatría (AAP por su sigla en inglés) sugiere que los lactantes no compartan la cama con sus padres. El temor principal es que sufran lo que se conoce como Síndrome de Muerte Súbita del Lactante.

Independientemente de esto, el denominado colecho, nombre con el que se denomina, justamente, al hecho de que los niños duerman o compartan la cama con sus padres varias veces por semana, parece ser algo cultural.

Y mientras algunos temen que esto afecte el desarrollo psicológico de los niños, otros consideran que la separación entre la mamá y el bebé a veces se produce demasiado temprano ya que, por ejemplo, en las sociedades occidentales se tiende a alejarlo y dejarlo solo prácticamente desde el momento en que nace, aunque, los bebés muy pequeños necesiten el contacto físico constante con sus mamás hasta que se adaptan al nuevo mundo en que se encuentran.

Ni un extremo ni otro. Un estudio reciente ha demostrado que dormir en la cama de los padres luego del primer año de vida no afecta el desarrollo intelectual o social de los niños pequeños, aunque los investigadores que estuvieron a cargo recordaron la importancia de tener en cuenta la sugerencia de la AAP.

En este sentido, el mensaje para las mamás y para los papás sería: compartir la cama con el bebé no generará problemas de conducta en el futuro. Eso sí, deben esperar a que el bebé cumpla su primer año de vida. A partir de ese momento desaparece el riesgo de sufrir el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante. Antes de ese momento lo que mejor es que el bebé duerma cerca de los padres, pero en su propia cuna.

Para llegar a estas conclusiones, un equipo de especialistas de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook analizó los datos de casi mil familias de bajos ingresos que tenían al menos un niño menor de un año al inicio del estudio.

Los autores visitaron a cada familia cuando los niños cumplieron uno, dos y tres años, y les consultaron sobre la salud de sus hijos, las rutinas de crianza y el lugar donde dormían. De las respuestas se encontró que casi la mitad de las mujeres había compartido la cama con el bebé en alguna de esas edades, y entre ellas, las hispanas y las afroamericanas lo hacían con más frecuencia que las blancas. A los cinco años, todos los niños fueron sometidos a varias pruebas cognitivas y de conducta, con un enfoque en la evaluación de las habilidades matemáticas y del lenguaje. Además, analizaron los niveles de hiperactividad y las habilidades sociales. Tras controlar varios factores, como el sexo del niño, el peso al nacer, la etnicidad, el nivel económico y la educación de la madre, los autores no encontraron ninguna relación entre los niños que compartían la cama con sus padres después de un año de nacido y el inicio de los problemas de aprendizaje o de conducta a los cinco años.

Estos hallazgos, publicados en la edición de agosto de la revista Pediatrics, sugieren que compartir la cama no es necesariamente una mala idea para los niños de esa edad, pero los especialistas advierten que el estudio no consideró si esto afecta o no al modo en que duermen los niños. En este sentido, sí es importante que la calidad del sueño sea buena para tener un desarrollo apropiado.

Por eso los padres deberán decidir qué es más conveniente para sus hijos, si deben compartir o no la cama con ellos, teniendo en cuenta qué costumbres ayudan a descansar mejor a todos los miembros de la familia.

Los autores del estudio no pretenden recomendarle a los padres que tomen una decisión u otra, sino simplemente ayudarles a despejar sus dudas y sus temores basados en la información que se obtiene de los estudios. ¿A ti qué te parece? ¿Compartes la cama con tu hijo o descansa mejor durmiendo en su habitación? 

Tomado de Vida y Salud

domingo, 4 de septiembre de 2011

Como ayudar a un niño con Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH o TADH) ¡sin rendirse en el intento!


Si tu hijo, que siempre ha sido inquieto y no puede concentrarse en nada más allá de unos minutos, acaban de diagnosticarle que sufre del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, ¡No te desesperes! Aquí te ofrecemos algunas sugerencias para que la convivencia con el niño sea más efectiva, tranquila y segura.

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH o TADH), es uno de los trastornos del comportamiento más comunes entre los niños de edad escolar que afecta unas tres veces más a varones que a niñas, aunque no se sabe exactamente por qué. Se caracteriza por la falta de concentración, la actividad constante, la impaciencia y la impulsividad que muchas veces ponen en peligro a los niños. Aunque entienden lo que se espera de ellos, tienen dificultad para ejecutar las tareas que se les asignan. Esto dificulta no solamente la convivencia en el hogar, sino el desempeño en la escuela porque se les hace muy difícil permanecer sentados y prestar atención.

Es importante que sepas que criar a un niño con TDAH representa un gran desafío, pero tú puedes llevar a cabo la tarea con paciencia y mucho amor. Tu hijo no es ni malo ni malcriado, sencillamente sufre de un desorden de la conducta que no es su culpa ni la de sus padres tampoco. Con un tratamiento adecuado y reglas firmes y claras tanto en el hogar como en la escuela, los niños con TADAH pueden mejorar y aprender a manejar sus síntomas exitosamente.

Algunas estrategias que pueden ayudarte con un niño que sufre este trastorno son:

Los niños con TDAH necesitan ante todo orden y rutina. Crea un horario de actividades y colócalo en un lugar visible. Incluye en este programa los detalles diarios, desde la hora de despertarse hasta la de acostarse, incluidos los momentos de hacer la tarea o los de diversión, como aquéllos en los que mirará televisión o jugará con la computadora. Haz que el niño se familiarice con este horario y si hay algún cambio, explícaselo con anterioridad.

Establece reglas claras para la convivencia en el hogar (y escríbelas). Es importante que el niño sepa qué pasará si no obedece o no las cumple.

Para darle instrucciones al niño, sé directa y no uses explicaciones muy largas o complicadas. La clave es utilizar mensajes claros, concisos y concretos. Háblale pausadamente y mirándole a los ojos. Luego, pídele que repita las indicaciones para corroborar que ha captado correctamente el mensaje.

A la hora de poner límites, haz que sean realmente efectivos. En lugar de alzar la voz o pegarle, usa castigos o cancelación de privilegios. Con los niños más pequeños, utiliza otros métodos, como alejarlos de un comportamiento negativo distrayendo su atención o ignorarlos durante unos minutos para no reforzar el comportamiento todavía más con una reacción desmedida de tu parte.

Si el niño se porta bien, recompensa sus logros y comportamientos positivos.

Ayuda a tu hijo a ser organizado con sus cosas: ubica siempre cada cosa en un mismo lugar. De ese modo, también lo ayudarás a evitar que pierda objetos.

Cuando vaya a hacer su tarea, o necesite concentrarse en algo, evita las posibles distracciones, como la televisión, la radio y los juegos en la computadoras. Divide la tarea en porciones, para que aproveche mejor los períodos de concentración. Si comienza por sus áreas más fuertes y las termina con éxito, reforzará su autoestima y podrá enfocarse mejor en el resto. Procura, como mencionamos anteriormente, hacer la tarea a la misma hora y en el mismo lugar, para seguir una rutina predecible y que le resulte familiar.

Si el niño tiene que elegir algo, (ropa, comida o juguetes por ejemplo), limita las opciones. Dos alternativas son más que suficientes y evitan que el niño se sienta aturdido o sobre estimulado.
Ayuda a tu hijo a descubrir su talento, ya sea en los deportes, el arte, la música o cualquier otra actividad. Esto lo ayudará a sentirse bien consigo mismo y con los demás.

Evita referirte a él de forma negativa con otras personas y mucho menos cuándo él esté presente. Tampoco lo avergüences delante de otras personas ni lo compares con sus hermanos ni con sus amiguitos.

Asegúrate de que el niño esté siempre bajo la supervisión de un adulto y habla regularmente con sus maestros y sus profesores para estar al tanto de su desempeño en el colegio.

Habla con otros padres de niños con TADH, aprende más sobre este trastorno y no dudes en pedir todo el asesoramiento que necesites. Entre más sepas, mejor será para toda la familia.
Participa en grupos de apoyo y/o de terapia familiar o individual para perfeccionar técnicas de disciplinas y maneras positivas de reaccionar ante la conducta de los niños.

Recuerda que un hijo con TDAH necesita orden, rutina y disciplina. Surgirán momentos difíciles, pero puedes superarlos con información, comprensión y amor. No te desanimes: ¡tu hijo te necesita!

Tomado de Vida y Salud

viernes, 15 de abril de 2011

Morir y matar de aburrimiento


Unos estudios recientes demuestran cómo el aburrimiento no sólo afecta tu estado de ánimo sino que también puede afectar negativamente tu salud. Hasta puede convertirte en una persona violenta. Aquí te contamos más detalles sobre estas investigaciones y sus hallazgos, además de algunas claves para evitar el aburrimiento y mantenerte saludable.
“¡Me muero de aburrimiento!”. Este antiguo dicho popular que parece metafórico podría estar ocultando una gran verdad. Así lo demuestra un nuevo estudio según el cual quienes llevan una vida aburrida o tediosa tienden a morir más jóvenes que quienes tienen una vida más activa y divertida o que, por lo menos, no se sienten aburridos.
Eso encontraron un grupo de investigadores del University College London, en Inglaterra, que además comprobó que las personas que se quejan de que sus vidas son aburridas tienden a deprimirse y tienen el doble de posibilidades de sufrir ataques cardíacos, frente a aquellos que dicen entretenerse a menudo.
Entre los ‘aburridos’, la mayoría eran mujeres y personas que ejercían trabajos manuales o repetitivos. Además, el estudio demuestra que el aburrimiento tiende a llevar a las personas a adquirir hábitos nocivos como fumar, beber y consumir drogas (esto suele ocurrir muchas veces entre los adolescentes, que además tienden a ser hiperactivos y a buscar “emociones nuevas”).
Además, el aburrimiento también tendería a ser tapado con otra conducta igualmente nociva y riesgosa, pero no sólo para el aburrido sino también para terceros: la violencia.
Al respecto, un estudio realizado por dos investigadores del Naval Health Research Center en San Diego, en Estados Unidos, descubrió que los marinos que han estado en zonas de combate pueden experimentar aburrimiento.
Según una encuesta que realizaron para dicho análisis, encontraron que los soldados de la marina que tendían a desobedecer órdenes, a involucrarse en enfrentamientos y confrontaciones con otras personas, a descuidar a sus familias y a meterse en problemas con la policía eran aquellos que habían estado en zonas de combate “aburridas”.
En este sentido, los soldados que relataron haber estado en zonas monótonas en las que no tenían privacidad ni días libres tenían tres veces más posibilidades de desarrollar conductas antisociales que otros. Estos resultados se suman a otros que también analizan el aburrimiento en las tropas, algo que ha sido estudiado por diferentes investigaciones desde la segunda guerra mundial, según las cuales este sentimiento provocaría distanciamiento, resentimiento y enojo.
¿Qué sientes tú cuando estás aburrida o aburrido y qué haces para matar el aburrimiento? Si sientes que te aburres a menudo, te falta motivación o incentivo o sientes cansancio continuamente y crees que eso te lleva a reaccionar mal con los demás, vale la pena que busques alternativas saludables para divertirte.
Y si no logras cambiar esa situación y, por el contrario, te angustias por ello o sientes que te limita para realizar tus actividades cotidianas, pide ayuda profesional. Seguramente un médico o un profesional especializado podrá ayudarte a encontrar nuevamente esas actividades que hacen que te rías y te diviertas como en tus mejores épocas.
La vida es corta y ¡hay que disfrutarla!
Tomado de Vida y Salud

jueves, 7 de abril de 2011

Niños/as autistas: ¿qué es el autismo y cómo detectarlo?


Durante los primeros años de vida de un niño/a puede presentar un trastorno en el desarrollo conocido como autismo. En general se lo asocia con niños/as que no se comunican con su entorno pero no todos los casos son así, muchos niños/as autistas pueden interactuar con los demás y tener vidas felices. Aquí te contamos qué es el autismo y cómo puedes detectarlo.
Acostumbrados a las típicas escenas de las películas en las cuales aparecen niños o niñas autistas que juegan aislados y solos, sin emitir ni una palabra (sin hablar), como viviendo en su propio mundo, muchas personas desconocen que, en realidad, el autismo puede presentarse de diferentes maneras. ¿En qué mundo está tu niño/a? ¿Está siempre aislado/a y no habla con nadie o es revoltoso/a, tiene problemas de conducta recurrentes y parece que no te hace caso? Ambas situaciones pueden ser signo de un mismo trastorno, llamado autismo.
El autismo es un trastorno del desarrollo que aparece en los primeros 3 años de la vida y afecta el desarrollo cerebral normal en el área de las habilidades sociales y de la comunicación, y puede ser difícil de detectar. En general los padres son los primeros en notar que algo no funciona como debería. Y si bien en la mayoría de los casos son ellos quienes buscan ayuda profesional cuando el niño o la niña tiene alrededor de dos años, a veces el autismo se detecta sólo cuando el niño entra al colegio, debido a problemas recurrentes de conducta y comunicación.
Los síntomas del autismo se pueden manifestar no sólo de diferentes formas, sino en diferentes intensidades, y a veces, el desarrollo de un niño con autismo puede parecer normal al principio, en los primeros 18 a 24 meses de edad y luego puede sufrir un retroceso. O sea, pierde las habilidades sociales y del habla que había adquirido. Al crecer, es posible que algunos niños/as autistas no aprendan a hablar pero otros sí lo hacen y hasta podrán trabajar y comunicarse sin mayores inconvenientes, siempre que cuenten con el apoyo necesario.
¿Te preguntas cómo puedes detectar si tu niño o niña podría tener este problema? Ten en cuenta que los niños con autismo se caracterizan porque su comportamiento suele ser inapropiado: tienen dificultad cuando juegan con otros, en las relaciones con los demás y en la forma en que se comunican, ya sea a través del habla o por señas.
Algunas de las señales que pueden indicarte la existencia de un problema de autismo son:
• Prefiere estar solo/a y le resulta difícil jugar y estar con otros niños.
• No sonríe cuando alguien le sonríe y se ríe o sonríe en momentos y/o situaciones inapropiadas.
• Tiene dificultad para interpretar lo que los demás están pensando o sintiendo, no responde adecuadamente al tono de voz o a las expresiones faciales y no observa las caras de las otras personas.
• Tiene poco contacto visual, o no lo tiene. Parece estar en su propio mundo y se desconecta de los demás. Actúa como si fuera sordo o sorda o parece que algunas veces escucha pero otras no.
• Tiene dificultad para expresar sus necesidades, emplea gestos o señala los objetos en vez de usar palabras.
• Repite palabras o frases pero sin que tengan un significado (esto se conoce como ecolalia).
• No responde a su nombre y se refiere a sí mismo por el nombre en lugar de “yo” o “mí” o no se refiere a sí mismo correctamente (por ejemplo, dice “usted quiere agua” en vez de decir “yo quiero agua”).
• Quiere hacer todo de la misma manera, se resiste a los cambios en la rutina y tiene sus propios itinerarios (por ejemplo, siempre tiene que ponerse las medias antes que los pantalones).
• Tiene patrones de movimiento raros. Por ejemplo, hace movimientos repetitivos como mecerse y dar vuelta, tiene conductas auto-abusivas como morderse o golpearse la cabeza, camina en las puntas de los pies, frota las superficies o se lleva objetos a la boca y los lame.
• No sabe cómo entretenerse con los juguetes y/o juega a juegos raros sin parar. Pasa mucho tiempo alineando las cosas o poniéndolas en cierto orden. Hace girar los objetos y/o muestra un apego inapropiado por determinados objetos.
• No muestra ningún temor real a los peligros y puede no ser sensible o ser demasiado sensible al dolor. Asimismo, no se sobresalta ante los ruidos fuertes o, por el contrario, los ruidos normales le pueden parecer dolorosos y se lleva las manos a los oídos.
• Tiene rabietas intensas y muestra angustia sin ninguna razón aparente.
• Es muy independiente para su edad y hace cosas antes de lo esperado, comparado con niños de su edad.
•Tiene un período de atención breve e intereses muy restringidos.
• Es hiperactivo/a o demasiado pasivo/a
Aunque no hay cura para el autismo, en muchos casos los síntomas mejoran con el tratamiento y con la edad; y como ocurre en otras circunstancias, cuando antes se detecte el autismo y se comience el tratamiento, mejores serán los resultados.
Recuerda que con el apoyo apropiado, la gente con autismo puede tener una vida activa en sus comunidades. Por eso, no te desanimes: asesórate, infórmate, busca información profesional y aprende cómo ayudar a tu hijo/a a descubrir que el mundo es un lugar interesante.
Tomado de Vida y Salud

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Los adolescentes y los peligros de abusar de la tecnología

Los avances tecnológicos nos brindan posibilidades de hacer cosas que antes no se pensaban y tienden a ofrecernos servicios que nos facilitan la vida. Pero, al mismo tiempo, también pueden resultar nocivas. Un sencillo mensaje de texto (o más bien muchos), por ejemplo, pueden causar riesgos para los adolescentes, así como el abusar de la vida en las redes sociales. Aquí te contamos por qué.

Casi todas las personas tienen un teléfono celular. Algunas, incluso dos. ¿Cuántos padres les negamos a nuestros hijos adolescentes ese aparato que nos permite comunicarnos con ellos en todo momento, que nos deja saber cómo están y si necesitan algo? Creo que pocos. La verdad, es que somos los padres los que en principio encontramos conveniente que nuestros hijos/as tengan un teléfono móvil para poder localizarlos en todo momento y para que les sirva a ellos en caso de emergencia.

No es una novedad que los teléfonos celulares, también conocidos como telefonía móvil se haya expandido vertiginosamente a nivel mundial. Esta tendencia continúa y se incrementa a medida que aparecen nuevos equipos con más servicios de conectividad y funcionalidades más veloces que facilitan la interacción con los usuarios. iPhone, Blackberry, Smartphone. Como sea que se llamen, están ahí para que los usuarios estén “conectados” en todo momento.

Si te fijas, son los más jóvenes los que quizá se adhieren más a estas tecnologías y probablemente sean quienes más riesgos deben enfrentar.

Para quienes nacieron en esta “era digital”, es casi imposible imaginarse sin un teléfono móvil en la mano (o en el bolso) e incluso sin una computadora que tenga conexión al Internet.

¿Pero cuál es el riesgo de la tecnología? En principio, y como ocurre con otros aspectos de la vida, todos los excesos pueden ser malos. Más allá de esto, los peligros que recorren el ciberespacio hoy pueden ser muchos y variados, dependen del tipo de dispositivo de cómo se usa.

Por ejemplo, quienes utilizan las redes sociales corren el riesgo de ponerse en contacto con extraños que proporcionan identidades falsas con fines delictivos. Muchos adolescentes se valen de perfiles falsos para poder meterse en la vida de otros e incluso torturarlos psicológicamente. Otro caso perturbador es el que se conoce como “cyberbullying” o ciber acoso entre pares, que es cuando un adolescente se convierte en víctima de las bromas de mal gusto y de los comentarios ofensivos por parte de otros compañeros, en las redes sociales como el Internet.

Otro caso que se agrega a la lista, está relacionado con el uso excesivo de los teléfonos móviles. Un estudio reciente demostró que la hiper-conectividad debido al uso abusivo de los mensajes de texto podrían ser nocivos para los adolescentes.

Según esta investigación (desarrollada por investigadores de la Facultad de Medicina Case Western Reserve y difundida por el medio especializado Science Daily), los adolescentes que acostumbran enviar mensajes de texto 120 veces al día o más, son más propensos a haber tenido relaciones sexuales o consumido alcohol o drogas que aquellos jóvenes que no envían tantos mensajes. Además, son más propensos a sufrir depresión o anorexia.

¿Te parece que enviar 120 mensajes de texto por día es demasiado? Pues te sorprenderá saber la cantidad de adolescentes que superan esa cifra de envíos diariamente: uno de cada cinco estudiantes, específicamente, según el estudio; que además detectó que uno cada nueve estudiantes pasa tres horas diarias o más en redes sociales, mientras que uno de cada 25 pertenece a ambas categorías.

¿Ya estás pensando si tu hija/o pertenece a alguna de ellas y qué hacer al respecto? Me parece estupendo. Lo que es muy importante es la comunicación que tengas con él o ella, ya que, según los autores del estudio, si bien muchos adolescentes son susceptibles a la presión de sus amigos, también influye la actitud de padres permisivos o ausentes.

Por otro lado, una investigación sobre temas similares (realizada en el Centro de Trastornos del Sueño del Centro Médico JFK de Edison en Nueva Jersey) detectó que los adolescentes que siguen usando los celulares, las computadoras (ordenadores) y otros aparatos electrónicos a escondidas, después de haberse acostado supuestamente a dormir, tuvieron más probabilidades de sufrir trastornos del sueño que causan otras dificultades como déficit de atención con hiperactividad, alteraciones del estado de ánimo, ansiedad, depresión y mal funcionamiento cognitivo (cuando la mente no funciona bien y las habilidades del pensamiento se alteran) durante el día.

La vida en la red cada vez nos afecta más en la vida real. Hay un mundo virtual en el cual las personas siguen actuando como tales, de acuerdo a las posibilidades que les brinda la tecnología. Esto es mucho más notorio para quienes no conocen el mundo sin las denominadas tecnologías de la comunicación, que se apropian de ellas de manera natural y generan nuevos usos, muchas veces que ni nos imaginamos los que nacimos cuando estos adelantos ni siquiera existían en las películas de ciencia ficción.

El asesorarse y el promover un uso seguro de estos medios quizás sea la mejor manera de estar atentos y prevenidos ante estos riesgos y peligros.

Tomado de Vida y Salud