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martes, 20 de marzo de 2012

En caso de diverticulosis: ¿conviene comer más o menos fibra?

Una nueva investigación contradice lo que se creía desde hace décadas que funcionaba para evitar la diverticulosis. El estudio ha encontrado que una dieta rica en fibra puede aumentar el riesgo de desarrollar esta condición en vez de disminuirlo. Aunque todavía faltan datos más precisos para modificar el tratamiento actual, este descubrimiento abre un nuevo camino en el estudio de la diverticulosis que afecta a un 30 por ciento de las personas mayores de 60 años.

A veces los descubrimientos científicos pueden sorprendernos, ya que ponen en duda todo lo que se conocía hasta el momento. Este es el caso de una investigación que se dio a conocer este mes, que contradice lo que los médicos hemos estado recomendando durante décadas: que una dieta rica en fibra ayuda a combatir la diverticulosis, una enfermedad gastrointestinal común, sobre todo en personas mayores de 60 años.

Un estudio desarrollado por unos investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, Estados Unidos, pone en duda la siguiente recomendación: que comer una dieta rica en fibra ayuda a disminuir el riesgo de desarrollar la diverticulosis. Según este nuevo estudio, por el contrario, hasta podría aumentarla.

Para llegar a estos resultados, que se publicaron en la revista especializadaGastroenterology, los investigadores analizaron datos de más de 2.100 pacientes entre los 30 y los 80 años de edad, que se sometieron a una colonoscopia ambulatoria entre 1998 y 2010. Los datos se referían a sus dietas, a sus evacuaciones (sus deposiciones) y su nivel de actividad física. Analizándolos, encontraron que los pacientes que comían menos fibra tenían un 30 por ciento menos probabilidades de desarrollar diverticulosis que quienes incluían más fibra en la dieta.

La diverticulosis es una condición en los intestinos que suele afectar a las personas mayores de 60 años. Se produce cuando la persona tiene divertículos. Aunque su nombre suene gracioso, los divertículos no tienen nada de divertidos: son pequeñas bolsas o abultamientos en el colon o el intestino grueso que aparecen por debilidad en su pared. Generalmente no causan síntomas, aunque a veces pueden provocar cólicos leves, distensión abdominal o estreñimiento.

El problema es que los divertículos pueden inflamarse e infectarse y se produce entonces lo que se conoce como diverticulitis, una situación que requiere tratamiento médico ya que puede provocar complicaciones graves.

El síntoma más común de la diverticulitis es el dolor abdominal constante, que suele localizarse sobre el lado izquierdo, así como dolor al presionar la parte inferior del abdomen. Si los divertículos se infectan, también puede haber fiebre, náuseas, vómitos, escalofríos, cólicos y estreñimiento.

En los casos más graves, la diverticulitis puede causar un absceso, perforación, oclusión intestinal por la cicatrización interna o fístulas, que es una conexión anormal entre dos órganos. Otra complicación poco común pero potencialmente mortal que puede provocar la diverticulitis es la peritonitis, que ocurre cuando se rompen los divertículos y la infección se pasa a la cavidad abdominal.

El tratamiento de esta enfermedad se centra en eliminar la infección provocada por los divertículos. Para ello se utilizan antibióticos y se recomienza reposo en cama para que el colon se recupere, aunque en los casos más graves puede ser necesario que la persona sea hospitalizada o que necesite ser operada.

Si tienes diverticulosis, el médico te indicará una dieta especial para prevenir problemas futuros, que consiste básicamente en aumentar el consumo de fibra, beber más agua y aumentar tu actividad física. Aún tras estos nuevos descubrimientos, todavía es prematuro para modificar las recomendaciones. Los mismos investigadores advierten que este estudio no es suficiente para modificar los tratamientos actuales. Lo importante es que abre una nueva vía de investigación para tener más información sobre esta enfermedad y sus posibles terapias.

Tomado de Vida y Salud

jueves, 20 de enero de 2011

¿Por qué duele la pelvis?



No sólo el período puede provocarnos molestias intensas debajo del ombligo. Existen diferentes causas del dolor en la pelvis que nos pueden estar quitando el sueño. Algunas de ellas tienen más riesgos que otras, no todas se relacionan con el ciclo menstrual y pueden afectar a distintos órganos.

Casi todas las mujeres hemos experimentado lo que algunas llaman “dolor en los ovarios” cuando tenemos el periodo menstrual (la regla). Incluso, nuestro ciclo menstrual puede provocarnos molestias durante, antes y entre los períodos menstruales. Pero no por eso todos los dolores que suframos en el área de la pelvis necesariamente están relacionados con esto.

Existen varias causas que pueden provocarnos dolor en la pelvis, algunas tienen más riesgos que otras, y pueden ser producto de condiciones en distintos órganos de la zona, como el útero, los ovarios, las trompas de Falopio, la vagina, el tracto urinario, los intestinos y el recto.

El tratamiento varía de acuerdo a lo que esté causando el dolor: puede ser un problema de fertilidad, algún desorden digestivo leve o incluso una alerta que indique un problema que requiera tratamiento de emergencia.

A continuación encontrarás algunas de las posibles causas del dolor pélvico:

Apendicitis: una inflamación en un tejido conectado al intestino grueso o colon denominado Apéndice. Además de dolor del lado derecho del abdomen, los síntomas incluyen vómitos y fiebre. Muchas veces se confunde con un trastorno gastrointestinal, pero es muy importante detectarlo a tiempo, ya que si tienes el apéndice inflamado e infectado deberán quitártelo con una operación de urgencia. De otro modo, puede romperse y desparramar la infección dentro del abdomen (esto se conoce como peritonitis), provocando complicaciones que hasta pueden poner en riesgo tu vida.

Colon irritable: se trata de un trastorno digestivo crónico que puede producir dolor recurrente, cólicos, inflamación, diarrea y/o constipación. No se conocen las causas de este padecimiento pero hay diversas maneras de controlar los síntomas, que incluyen cambios en la dieta, control del estrés y medicamentos.

Cálculos renales: son piedras de sal y minerales que se depositan en la orina, pueden ser tan pequeñas como un grano de arena y tan grandes como una pelota de golf. Pueden causar mucho dolor y la orina se vuelve de color rosada o roja.

Infección urinaria: se produce cuando algún germen ingresa al tracto urinario y puede causar problemas en cualquier parte de la uretra (el tubito por donde sale la orina) a la vejiga, pasando por el útero y hasta el riñón. Los síntomas incluyen dolor en la pelvis, ganas frecuentes de orinar y dolor al hacerlo, fiebre, náuseas, vómitos y dolor en el lado derecho o izquierdo de la parte baja de la espalda.

Dolor pélvico crónico: se produce debajo del ombligo, se mantiene por lo menos durante seis meses y puede interferir en las actividades de la vida diaria.

Embarazo ectópico: es otra situación que requiere tratamiento de emergencia. Se produce cuando un embrión comienza a crecer fuera del útero, generalmente en una de las trompas de Falopio. Los síntomas pueden incluir dolor pélvico, cólicos, sangrado vaginal, náuseas y mareos.

Inflamación pélvica: es una infección en la pelvis, a veces asociada con enfermedades por transmisión sexual, que puede causar daños permanentes en el útero, los ovarios y las trompas de Falopio, y constituye una de las principales causas de la infertilidad femenina. Los síntomas incluyen dolor abdominal, pélvico, fiebre y dolor durante el sexo o al orinar. Se trata con antibióticos y en casos muy severos podría requerir cirugía.
Quistes en los ovarios: en la mayoría de los casos son inocuos, frecuentemente no dan síntomas y desaparecen solos sin necesidad de tratamiento, pero si se detectan, necesitan monitoreo por tu médico. Cuando se tienen síntomas pueden causar dolor pélvico, aumento de peso y necesidad de orinar con frecuencia. Dependiendo de sus características y su tamaño es su tratamiento. Si se rompen o sangran, por ejemplo puede ser doloroso. La mayoría son benignos, pero necesitan supervisión.

Fibroma uterino: en general no causan problemas pero algunas mujeres pueden experimentar presión en el vientre, dolor en la parte baja de la espalda, menstruaciones dolorosas, dolor al tener sexo y problemas para quedar embarazada.

Hay otras causas como endometriosis, etc. Si eres de las que sufre todos los meses de dolor en la pelvis, probablemente ya conozcas de qué se tratan los malestares relacionados con el ciclo menstrual y sabrás diferenciarlos si se presenta alguna otra condición. Lo mismo si tienes o has tenido dolor pélvico por algún otro motivo, como infección urinaria o colon irritable, posiblemente ya sepas diferenciar los síntomas.

De todos modos, es conveniente que estés atenta a las señales que te envía tu cuerpo y no esperes para ir al médico únicamente cuando sientas algo diferente o fuera de lo normal. Ve preventivamente simplemente para despejar dudas, para obtener un diagnóstico y un tratamiento si tienes alguna molestia. Habla con tu médico acerca de tu dolor, él o ella te podrían dar recomendaciones para que te sientas mejor.

Tomado de Vida y Salud