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viernes, 31 de agosto de 2012

Las baterías de botón envían a más niños a las salas de emergencia. ¡Toma medidas!

Hay algo que va en aumento y desafortunadamente es la cifra de niños que visitan las salas de emergencia luego de haber ingerido una batería (pila) de tipo “botón”. Son menos conocidas que las tradicionales baterías cilíndricas que vienen en distintos grosores, pero como sirven para cargar una gran variedad de productos, seguro que ya tienes más de una en tu hogar. Si un hijo tuyo se las traga accidentalmente podría estar en un peligro muy grave. Así que es necesario que tomes medidas de seguridad.

Desde la perspectiva de un niño, el mundo se ve completamente diferente. Cualquier objeto, por insignificante que le resulte a un adulto, se convierte a través de los ojos del pequeño en algo interesante, casi mágico y totalmente digno de explorar con los cinco sentidos. Imagínate que a las manos de uno de tus hijos llegue una batería de botón (aplastada, en forma de disco), brillante, lisa, novedosa… y que se la lleve y se la introduzca en la nariz, en los oídos o peor, en la boca.

Si por accidente se introducen en la nariz o en los oídos, las consecuencias pueden ser molestias, dificultad al respirar, dolor y hasta la obligada visita al doctor o a la sala de emergencias para desalojarlas sin peligro. Pero cuando se ingieren y se alojan en el esófago (el tubo que conecta a la boca con el estómago), las pilas de botón pueden ocasionar complicaciones graves, incluso la muerte del paciente.

Una investigación reciente, cuyos resultados fueron publicados en la edición de junio de la revista Pediatrics, llama la atención acerca del aumento en las visitas a la sala de emergencia relacionadas con las pilas de botón, presentes en la mayoría de los hogares ya que son las encargadas de cargar: juguetes, calculadoras, cámaras, relojes, audífonos, linternas de bolsillo, así como los controles de varios aparatos como: televisores, videojuegos o reproductores de música o vídeo. Y como las más modernas traen el doble de voltios (de 1.5 voltios a 3 voltios), el peligro potencial es todavía mayor.

Según el estudio, en Estados Unidos solamente, en un período de 20 años hubieron 66,000 visitas de niños (hasta los 18 años de edad) a las salas de emergencias relacionadas con todos los tipos de baterías, con un incremento espectacular en los últimos ocho años. Las baterías de botón representaron la causa de cerca de 2,785 visitas a las salas de emergencia en el 2009, un aumento considerable en comparación con las 1,301 visitas en el 1990.

Los investigadores han lanzado el llamado de alerta por el incremento de los casos de emergencia, así como debido al mayor nivel de riesgo. Como comentábamos antes, las nuevas baterías de botón son ahora más potentes, por lo que cuando se tragan el riesgo es mayor que nunca. Aunque alrededor del 92% de los casos de ingestión son tratados con éxito, el resto se enfrenta a un riesgo cada vez mayor de daño interno grave. Según los expertos, cuando estas baterías se detienen en un punto en el esófago, pueden ocasionar una pequeña corriente y perforar el esófago, causando daños muy graves en menos de dos horas. Puede incluso afectar la arteria aorta y el niño puede sangrar hasta morir.

Para leer todo el artículo, pincha aquí

viernes, 14 de octubre de 2011

Distinguir entre reflujo biliar y reflujo ácido puede ser difícil

¿Cuál es la diferencia entre reflujo biliar y reflujo ácido?

RESPUESTA del Dr. Jeffrey Alexander, Gastroenterología, Mayo Clinic de Rochester en Minnesota, Estados Unidos:

El reflujo biliar se refiere al líquido proveniente del intestino delgado que fluye hacia el estómago y esófago. El reflujo ácido, en cambio, ocurre cuando el ácido estomacal refluye al esófago. Ambas afecciones normalmente están vinculadas y, a veces, puede ser difícil diferenciarlas.

La bilis es un jugo digestivo que se produce en el hígado. Su función principal es ayudar al organismo a digerir grasas y extraer ciertas toxinas. La bilis fluye desde el hígado por el conducto biliar hasta la parte superior del intestino delgado (duodeno), ubicada justo debajo del estómago. Normalmente, la bilis no puede ingresar al estómago debido a una válvula unidireccional que existe entre el estómago y el intestino delgado, llamada píloro, que se abre para permitir que la comida pase desde el fondo del estómago hacia el intestino. El píloro evita que los contenidos del intestino delgado, entre ellos la bilis, regresen al estómago.

Cuando el píloro se daña o no funciona correctamente, la bilis y otros jugos digestivos del intestino pueden entrar al estómago y ocasionar irritación e inflamación. Entre la gente con alto riesgo para reflujo biliar están quienes se sometieron en algún momento a una cirugía que involucraba al píloro o que afectaba los nervios estomacales que desempeñan un papel en el funcionamiento del píloro.

Existe otra válvula que separa al esófago del estómago y se llama esfínter esofágico inferior. En condiciones normales, esa válvula se abre sólo para permitir que los alimentos ingresen al estómago y luego se cierra herméticamente. Cuando la válvula se relaja anormalmente o se debilita, el ácido estomacal puede regresar al esófago y eso se conoce como reflujo ácido.

En los casos en que ni el píloro ni el esfínter esofágico inferior funcionan adecuadamente, la bilis y el ácido estomacal, junto con otros jugos digestivos del intestino delgado, pueden entrar al esófago desde el estómago. Esa afección se conoce como reflujo biliar, aunque los jugos que entran al esófago no contengan solamente bilis.

Los síntomas y señales del reflujo biliar y del reflujo ácido son similares, razón por la que es difícil distinguir entre ellos. El síntoma principal de ambos es la acidez frecuente, que consiste en una sensación de ardor en el pecho o garganta que se presenta acompañada por un sabor amargo en la boca. En algunos casos, el reflujo biliar también puede provocar dolor en la parte superior del abdomen como resultado de la irritación del estómago causada por la bilis.

El tratamiento de ambos tipos de reflujo normalmente empieza con un fármaco que bloquea el ácido y que, por lo general, pertenece a un tipo de medicamentos conocidos como inhibidores de la bomba de protones. Estos medicamentos disminuyen la producción de ácido estomacal, reduciendo así la cantidad de líquido irritante que fluye hacia el esófago. Eso disminuye significativamente el daño al esófago ocasionado por el reflujo y, por lo general, reduce los síntomas del reflujo biliar y del reflujo ácido.

En muchas personas, un fármaco para bloquear el ácido es todo lo que se necesita para controlar eficazmente el reflujo biliar y ácido. No obstante, cuando los síntomas persisten pese al inhibidor de la bomba de protones, entonces lo recomendable sería la cirugía para crear una nueva válvula en la parte superior del estómago que evite el reflujo hacia el esófago.

Si usted tiene síntomas de reflujo, acuda al médico. Si no se trata este problema, con el transcurso del tiempo, las consecuencias del reflujo biliar y del reflujo ácido podrían ser el sufrir daños graves en el esófago. Además, el reflujo biliar prolongado puede ocasionar irritación estomacal (gastritis) que, en algunos casos, podría derivar en úlceras y sangrados. Cuando se trata oportunamente el reflujo, por lo general, el riesgo de complicaciones graves disminuye bastante.

Tomado de Vida y Salud

domingo, 5 de diciembre de 2010

Cáncer del esófago ¿Cuáles son los factores de riesgo?


Si bien el cáncer del esófago puede desarrollarse en cualquier persona, no es un secreto que existen condiciones que pueden aumentar tu riesgo o tu predisposición. El cáncer del esófago está aumentando en varios países del mundo y sus causas parecen estar ligadas al estilo de vida: el abusar del alcohol y del tabaco, así como el no llevar una dieta sana, pueden contribuir al desarrollo del cáncer de esófago.
Cuando estamos comiendo, casi nunca pensamos en lo que está haciendo nuestro cuerpo para que podamos tragar los alimentos y digerirlos. Bocado tras bocado, mientras que charlamos y compartimos con la familia, el cuerpo está trabajando en silencio para que nos podamos alimentar. Los alimentos llegan al estómago, y sin embargo, pocas veces nos preguntamos cómo. Pues gracias al esófago, un tubo muscular que se ubica en la parte media del tórax (a la mitad del pecho), es que podemos iniciar el proceso de la digestión. El esófago, ese tubo que se extiende desde la faringe (empezando en la boca) hasta el estómago, juega un rol importantísimo en la digestión.
Pero lamentablemente, como muchos otros órganos del cuerpo, el esófago también puede ser blanco del cáncer, o sea, por alguna razón las células en el esófago también pueden tener cambios en el núcleo de sus células que hacen que se multipliquen de una forma anormal y descontrolada. Estas células anormales forman el tumor maligno o cáncer que crece y puede ir invadiendo primero a los tejidos vecinos y después puede diseminarse a otras partes del cuerpo.
Hay varios tipos de cáncer del esófago, los dos más comunes son:
  • Adenocarcinoma ( los cánceres que surgen de las células glandulares, que producen mucosidad u otras substancias, que tienden a localizarse en la parte inferior del esófago).
  • Carcinoma de células escamosas (los que se originan de las células planas que recubren al esófago, son células epiteliales. Estos tumores tienden a localizarse en la parte media del esófago).
Si bien el cáncer del esófago no es el más común en los Estados Unidos, sí está en aumento en otros países del mundo. Pero lo que más llama la atención sobre este tipo de cáncer, que frecuentemente se ignora, es que puede prevenirse con un simple ajuste en el estilo de vida. Por cierto, de los dos tipos de cáncer del esófago, el adenocarcinoma es el que se ve más comúnmente en Estados Unidos, mientras que el carcinoma de células escamosas es el que tiende a ser más frecuente en el resto del mundo.
Aunque es un hecho que los hombres mayores de 50 años y de raza negra son los que tienen mayor predisposición para desarrollarlo, el cáncer del esófago le puede suceder a cualquiera e incluyen factores de riesgo que está en tus manos controlar como el abuso del tabaco, del alcohol y la obesidad.
¿Quieres conocer cuáles son los factores de riesgo del cáncer del esófago que tú puedes prevenir? Presta atención a esta lista:
  • Fumar
  • Beber alcohol en exceso
  • Masticar tabaco
  • Comer pocas frutas y verduras como parte de la dieta diaria (se recomiendan 5 porciones al día.
  • Beber líquidos demasiado calientes
  • Ser obeso(a)
Si revisas la lista y ves que tu estilo de vida tiene algunos factores que te ponen en riesgo, es hora de que empieces a cambiar tus hábitos por unos más saludables. ¿No crees que vale la pena? Dejar de fumar, beber alcohol en moderación o eliminarlo del todo, comer sanamente y hacer ejercicio para mantener un peso sano no sólo te ayudarán a prevenir el cáncer del esófago, sino un sinnúmero de condiciones graves como enfermedades del corazón y diabetes.
Y si bien estos factores de riesgo se pueden controlar, existen otros como elreflujo del ácido del estómago, que cuando no se controla o es crónico (se tiene tres veces a la semana en promedio o más) y dura varias semanas o meses, puede llegar a causar lo que se conoce como el llamado esófago de Barrett. Esta condición causa cambios precancerosos en las células del esófago que pueden volverse cancerosos. El haber recibido radiación en el tórax, aunque depende de otras circunstancias también debe de monitorearse, ya que también aumenta el riego de desarrollar cáncer del esófago. Si tienes estos síntomas o has recibido tratamiento, debes estar bajo supervisión médica por un especialista (el gastroenterólogo). Además, cabe mencionar que el cáncer del esófago, como otros tipos de cáncer, también tiene un componente genético.
Por eso en cualquier caso, debes mantener los ojos bien abiertos ante la aparición de síntomas como:
  • Perder peso sin proponértelo
  • Dificultad y dolor al tragar y/o
  • Dolor en el pecho
No dudes en consultar a tu médico de inmediato.

Tomado de Vida y Salud