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jueves, 16 de agosto de 2012

Mensajes de texto que interrumpen el sueño

Una de las adicciones de esta época moderna, es estar conectado constantemente a las redes sociales y a los amigos a través de los teléfonos como al iPhone, al Blackberry y a los Smartphones o teléfonos inteligentes. Los adolescentes, en especial, van con estos teléfonos a todas partes y ni siquiera dejan de enviar mensajes de texto cuando se van a dormir.

Lucrecia se queja de que cuando su hija se va a dormir, no deja de sonar una alarmita que le avisa que está recibiendo algún mensaje de texto. Para ella, su hija adolescente, jamás está desconectada. Ha llegado al punto de que cuando está descansando, abre los ojos para responder a un mensaje en la madrugada.

¿Qué pasa que los adolescentes no pueden dejar de enviar mensajes de texto ni cuando duermen? A Lucrecia le preocupa que la manía de estar tan conectada pueda afectar sus horas de descanso y, por consiguiente, su salud. Y tiene razón: los adolescentes necesitan un promedio de 9 horas de sueño, que probablemente no están logrando no sólo debido a esta adicción sino a las presiones académicas, las trasnoches y los cambios hormonales propios de esta etapa.

Si los adolescentes no duermen bien, pueden desarrollar obesidad, presión arterial alta, depresión y problemas de comportamiento. Además, esto los hace propensos a abusar de las drogas y el alcohol. Como ves, no dormir bien, puede llevar a consecuencias serias en la salud de estos adolescentes, no sólo ahora, sino cuando sean adultos.

La adicción de la hija de Lucrecia forma parte de estadísticas significativas. Un estudio reciente indica que sólo en Estados Unidos, los adolescentes envían un promedio de 100 mensajes de texto al día y que gastan alrededor de 53 horas a la semana en alguna actividad utilizando medios electrónicos. Este último dato resultó de una investigación realizada por el Kaiser Family Foundation en Estados Unidos, quien también habla de que el consumo de las redes sociales está en aumento a una velocidad alucinante.

Si deseas leer todo este artículo, pincha aquí

miércoles, 29 de febrero de 2012

Errores en la crianza de los hijos. ¿Los cometes tú?

Dicen que nadie escarmienta en cabeza ajena, pero como la crianza de los hijos no se estudia en ninguna universidad, conviene que prestes atención a los errores que han cometido otros para que no los repitas tú. Sigue leyendo y aprende de las faltas de los demás, reconoce las tuyas y sigue dándole a tus niños todo el amor que ellos se merecen.

Todas las madres y todos los padres saben que la crianza de los hijos no es una tarea sencilla. Hasta los que tienen las mejores intenciones se equivocan y lamentan no haber hecho alguna vez las cosas de forma diferente. Y es que esta labor tan importante se va aprendiendo sobre la marcha y exige que uno sea maestro, enfermero, consejero, y hasta un poco psicólogo, sin sueldo y sin garantías. De todas formas se hace con un inmenso amor y de forma totalmente incondicional.

Todos podemos aprender de las experiencias de otros, así que si tienes niños pequeños te interesará saber en qué se equivocaron otros padres previamente. La mayoría coincide en que si pudieran volver atrás evitarían la sobreprotección, el darles todo en bandeja de plata y el permitirles adquirir malos hábitos que más adelante puedan incluso perjudicar su salud.

Los berrinches (perretas) no funcionan

Cada niño tiene su propia personalidad, algunos son más dóciles que otros pero, quien más quien menos, siempre habrá berrinches, caprichos y escenas que quisieras hacer desaparecer. Sin embargo, tú siempre debes mantener la autoridad y puedes utilizar esos momentos como oportunidades para el aprendizaje.

La lección dependerá de cuál sea el motivo del berrinche. A veces es cuestión de conocer los tiempos del niño y si tiene sueño, por ejemplo, decidir no hacer determinadas tareas en ese momento ya que pueden alterarlo y provocar una reacción no deseada.

Por el contrario, si el berrinche comienza porque le has negado algo, trata de calmarlo (si es necesario apártalo del grupo) y felicítalo a medida que se va tranquilizando, pero nunca lo recompenses dándole lo que él o ella querían, o pensará que sus pataletas sirven para obtener lo que quiere y luego será más difícil hacer que cambie su actitud.

Date a respetar y pon reglas claras que todos deben seguir

Mantente firme y recuerda de poner límites: son necesarios para toda persona en crecimiento ya que, en verdad no limitan sino que delimitan, es una diferencia sutil que resulta muy importante, pues los límites funcionan como las reglas del juego. Sin reglas es imposible participar.

Esta idea parece obvia. Sin embargo, a veces se borra y son los mismos adultos quienes más deben aprender al respecto. ¿En qué sentido? Pues si dices no, es no: ¿quién no se ha dejado convencer por esos ojitos tan bonitos o por ese rostro de niño bueno? Pero no dejes que eso ocurra y ten la objetividad necesaria para distinguir entre las verdaderas lágrimas y las “de cocodrilo”.

En este punto, también es importante tener en cuenta tus advertencias cuando quieras que el niño o la niña te obedezcan. Por ejemplo, si les dices que si no te hacen caso no lo dejarás ver televisión jamás en su vida, posiblemente no puedas cumplir con tu palabra y, en ese caso, difícilmente logres que tus niños te crean.

Por el contrario, puedes decirles que no le comprarás la golosina que tanto le gusta o que cancelarás la salida que tenían programada. Y siempre debes cumplir con la pena o el castigo advertido cuando no te obedezca. Recuerda que eres tú quien tiene la autoridad del hogar: hazla valer.

Un no rotundo a la sobreprotección

¿Por qué cuesta tanto poner límites? Esta actitud suele venir de la mano de otra: la sobreprotección. Uno no quiere ver que su hijo sufra y cede ante el más mínimo reclamo infantil. Sin embargo, los límites son necesarios para que el niño reconozca que no todo es posible en la vida, que hay que esforzarse y que algunas cosas son más difíciles de lograr que otras. También aprenderá sobre el respeto a los demás y cómo comportarse de manera social, pues “los derechos de cada uno comienzan donde terminan los del prójimo”.

Una madre o un padre sobreprotector trata de evitar que su niño se frustre y de darle todo servido. Esto también puede trasladarse a otras costumbres que, a corto o largo plazo, pueden afectar incluso hasta la salud del niño, como la mala alimentación y ciertos hábitos como el darles permisos frente a todo tipo de pantallas (televisión, computadoras, etc.), la falta de ejercicio y la poca colaboración con las tareas y responsabilidades del hogar.

Claro que puede resultar más sabrosa una golosina a media tarde que una fruta y es cierto que es más fácil dejarlos viendo televisión o jugando a los videojuegos que llevarlos cada dos días al club o a sus clases de deporte o danza. Pero la opción más difícil es a menudo la más conveniente. El camino fácil es posible que lleve a tu hijo al sobrepeso, al sedentarismo y a la obesidad, con todas las consecuencias que eso implica.

La vida actual tiene sus desafíos. Papá y mamá deben trabajar a diario y ocuparse de mantener el hogar en buenas condiciones, además de cuidar sus amistades y atender a sus hijos. Nadie ha dicho que sería fácil ser padre o madre… pero no te des por vencido(a). Déjate guiar por tus instintos y trata de darles a tus niños las herramientas que necesitaran para defenderse y para ser personas responsables cuando estén fuera de la casa, ahora y cuando lleguen a la adultez.

Tomado de Vida y Salud

domingo, 20 de noviembre de 2011

¿Timidez o fobia social?

Si tu hijo adolescente se aísla y no quiere salir con amigos de su edad, es posible que sea algo más que timidez. Si bien la fobia social se da en pocos casos, cuando se presenta puede generar problemas sociales y de aprendizaje. En este artículo te contamos cómo detectar esta enfermedad y qué la diferencia de la típica vergüenza que muchos pueden sentir.

¿Has escuchado hablar de la fobia social? Cuando lo que parece timidez se vuelve tan excesivo que hace que la persona evite ciertas situaciones y la interacción con los demás, puede tratarse de algo más. Es difícil reconocer cuando tu hijo o hija tiene un problema, y hay versiones que afirman que no creen que la fobia social sea realmente un problema, sino más bien timidez que debe ser superada por uno mismo o que es sólo una excusa para vender más medicamentos.

Sin embargo, esto no es así. La fobia social es una condición que puede causar complicaciones en la vida social y en el desarrollo normal de los niños y los adolescentes, aunque también puede afectar a los adultos e puede impedirles llevar una vida normal.

En busca de más información sobre esta enfermedad psiquiátrica, un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos examinó las tasas de timidez y de fobia social entre más de 10 mil adolescentes entre los 13 y los 18 años de edad, que participaron en una encuesta nacional.

La mitad de ellos afirmó ser tímido, y de esa mitad, sólo el 12 por ciento había tenido los síntomas de la fobia social en algún momento de su vida. Lo interesante de este estudio es que entre quienes dijeron no ser tímidos, alrededor del cinco por ciento mostró signos de ansiedad social, lo que demuestra que esta enfermedad puede no estar asociada con la timidez, aunque por sus síntomas muchas veces se las vincule.

¿Cuáles son los síntomas de la fobia social? Tal como te hemos contado en otro artículo de Vida y Salud, las principales señales de esta enfermedad son:
  • Tener un miedo constante y excesivo de ser observado y juzgado por los demás.
  • Sentir timidez e incomodidad al sentirse observado durante una charla, en un baile o en otra situación en la que se participe.
  • Sentir una incomodidad o temor tan grande en situaciones sociales que éstas pueden llegar a provocar dolor de estómago, palpitaciones, mareo y deseos de llorar.
  • Tener miedo de hablarle a otras personas, como a compañeros de clase o de trabajo.
  • Tener palpitaciones, náuseas, sudor y sentimientos de vergüenza y humillación desencadenadas por situaciones sociales.
Todos estos síntomas y estas sensaciones son reales y en verdad pueden hacer que la persona se sienta muy mal. Por eso es importante no confundirlo con una simple timidez como la que tiene muchas personas, y muchos adolescentes y que es fácil de vencer y de superar.

Si bien se trata de una minoría, algunos adolescentes (también niños y adultos), tienen este problema y no pueden resolverlo por sí mismos. Lo peor de todo es que la fobia social puede interferir con el aprendizaje y con su normal desarrollo, e incrementa las posibilidades de que estos jóvenes recurran al alcohol o a las drogas en busca de algo que los haga sentir más seguros ante esas situaciones que para ellos son tan estresantes.

Lo bueno de todo esto es que, una vez detectada, la fobia social puede tratarse y quienes la sufren pueden volver a tener una buena vida social y a divertirse como cualquier adolescente. Para ello existen distintos tratamientos que pueden incluir terapias psicológicas, medicamentos y técnicas de relajación, entre otras alternativas.

El apoyo de los padres y las personas cercanas es fundamental para salir adelante. Si notas que tu niño tiene una timidez exagerada, fuera de lo común que lo hace reaccionar de manera extrema ante situaciones que no deberían serlo, es importante que pidas ayuda y lo acompañes con un profesional calificado para que se descarte fobia social y para que encuentre una solución que le permita disfrutar una de las etapas más gratificantes de la vida.

Tomado de Vida y Salud